Emiliano Zapata
Emiliano Zapata, México.
© Archivo Casasola

Este año se celebra en México el Centenario de la Revolución Mexicana y también se conmemora el Bicentenario de la Independencia. Por lo tanto, la coincidencia en celebración de los dos acontecimientos ha provocado la organización de numerosos actos. En ese contexto de rememoración de episodios históricos de tanta trascendencia para la historia universal, algunas ilustraciones y documentos fotográficos volverán a ser reeditados en multitud de folletos, carteles y libros. Este retrato de Zapata, "empachado" de hieratismo muestra por sí solo una transición en la historia de la representación fotográfica.

La Fototeca Nacional de México resguarda el fondo fotográfico más importante de la Revolución Mexicana: el Archivo periodístico de los Hermanos Casasola. Muchas de sus imágenes se han publicado en multitud de ocasiones, frente a otras que, por contra, no han sido nunca divulgadas. Desde luego, este retrato de Zapata es muy conocido. En general, todas las fotografías del líder revolucionario han sido mostradas, tanto las que le hicieron estando con vida como las que le tomaron cuando fue asesinado. En la fotografía, llama la atención la forma en que se sugiere un anticipo del papel histórico que le va a tocar representar. La posición de los pies, por ejemplo, define una inquietud y un deseo de cambio. Y, realmente, la renovación se produjo con una revolución popular incomparable.

La coexistencia de dos armas distintas, que definen también épocas diferentes, dotan de gran significación a la fotografía. Lo nuevo y lo viejo se unen así para protagonizar un cambio definitivo en México. Una en cada mano, bien asidas, serán sin duda el resumen de la propuesta de transformación a través de una lucha que Emiliano Zapata cree necesaria. Sus vestimentas y sombrero lo definen como el prototipo de mexicano. Adornadas por cartucheras con balas, los ropajes puntualizan también su ideología y doble condición: nacionalista y revolucionaria.

La fotografía parece una tarjeta de presentación de un líder revolucionario dispuesto a moverse, a usar las armas y a morir en la lucha. Un cabecilla que no está solo: a la derecha de la imagen se puede ver a algunos de su seguidores. Y un hombre que encontrará el camino para lograr sus fines. Todas estas aspiraciones revolucionarias y de innovación social para mejorar la situación de los empobrecidos campesinos, se enmarcan en una fotografía donde rezuma el clasicismo a través de una pose rigurosa, de estampa; donde la violencia está estetizada pero anunciada de manera inequívoca.

Evidentemente, el fotógrafo ha querido retratar al líder de la Revolución Mexicana y ha generado desde la fotografía una imagen construida del mito de Zapata: el hombre que luchó por los desfavorecidos y que murió por la causa. Pero, se decía anteriormente, anuncia ya la violencia de la Revolución y precisamente por contener ese aviso, aunque sea visualmente estetizado, representa cierto vanguardismo o renovación. No en vano, con este retrato, bien vestido y bien armado, rompe con el retrato clásico aunque mantiene ciertos rasgos en la pose del periodo anterior a la revolución.

En resumen, es una fotografía de transición y de cambio, pero no sólo histórico sino también fotográfico. La Revolución Mexicana ha dejado infinidad de fotografías; algunas de las cuales muestran mucha violencia y la radicalidad en la que se movió el conflicto. Pero ésta forma parte del imaginario y sirve como expresión del camino revolucionario para los desfavorecidos.