Portada Libération
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La portada del periódico francés Libération del 7 de octubre pasado luce a toda página una imagen del fotógrafo estadounidense Larry Clark, con un texto de acompañamiento que informa de que la exposición fotográfica que va a presentar en París hasta el 2 de enero ha sido prohibida a menores de 18 años.

Justo un día después, el 8, se inauguraba la muestra en el Museo de Arte Moderno en la Villa de París, en la que destacan un total de 200 fotografías en su mayoría en blanco y negro, que abarca prácticamente toda su trayectoria fotográfica, desde su ya célebre trabajo Tulsa, realizado en los años 70. Por tanto, una retrospectiva que muestra lo más representativo de sus 40 años de trabajo fotográfico.

Parece ser que el alcalde de París, Bertrand Delandë, se ha asustado al ver las imágenes de jóvenes inyectándose droga, portando armas y practicando sexo de forma explícita y ha temido las denuncias y, por eso, se le ha ocurrido la gran idea de impedir el paso a menores de 18 años. Esa decisión ha sido vista como censura y todos han montado en cólera: la prensa, el público, el fotógrafo y sus abogados.

Tal vez con todo el jaleo que se ha montado con lo de la censura conviene aclarar algunas cuestiones. En primer lugar, considero que el alcalde tendría que haber pensado un poco más en la fotografías que hay expuestas y en las realidades que retratan y bastante menos en esas supuestas denuncias que temía recibir. Si bien, se presenta como una muestra retrospectiva y por tanto significativa para conocer el estilo y la evolución del fotógrafo, es bastante más que eso. Hay que recordar que la serie Tulsa, compuesta de fotografías en blanco y negro de un grupo de jóvenes de Oklahoma consumiendo drogas (un grupo al que el mismo Clark pertenecía) inauguran un estilo documental en la fotografía artística que en esos años empezaba a tener influencias de las imágenes de sucesos y de sus escenas del crimen, pero que también tenía que ver con el documentalismo social en sus diferentes variantes.

Además, hay que tener en cuenta que, tanto las imágenes de sexo, como las violentas y también las referidas al consumo de drogas forman un todo compacto y deben leerse así en su sentido como grupo en esta muestra. En todo caso, el problema que se plantea (o uno por lo menos) es el de los límites entre la crítica y la apología. Es decir, hasta donde llegan los mensajes de denuncia de Clark y dónde empieza su apología o defensa de lo decadente. Y es esta la psicosis del alcalde de París: no haber visto el retrato descarnado de la realidad y ver sólo el miedo a que los visitantes puedan pensar que es una exposición que empuja a los jóvenes al abismo.

Y entonces aquí llegamos a lo de siempre: que parece que Clark tiene la culpa de que los jóvenes americanos o no americanos se sientan solos y se droguen, recurran a la violencia y se refugien en el sexo. Desgraciadamente, eso que él retrata está no sólo en la exposición, o en sus imágenes, está en la calle, en la realidad. Lo que él fotografía pasa y está pasando. Si hay que preocuparse será por eso y tal vez tengamos que agradecerle que haya hecho unas fotografías que nos aproximen al lado oscuro y difícil de la juventud, de lo social y de la vida.

No sé, he leído en varios titulares que Clark ha sobrepasado el límite de lo erótico a lo pornográfico y que por eso le han censurado en París. No creo que sus imágenes sean sexualmente pornográficas, pero sí socialmente pornográficas, porque dejan al descubierto una gran cantidad de miseria. Pero no sé por qué esta pornografía o decadencia social preocupa menos que la decadencia digamos estética. Clark siempre utiliza elementos inquietantes que provocan desasosiego y todo el espacio fotográfico se torna duro y lleno de vacío; tal vez porque profundiza, marca y remarca todo el lado decadente como si no existiera otro. Todo esto hace que, de fondo, su mensaje sea terriblemente pesimista. No veo sexo ahí más que en un sentido hedonista, de buscar el placer como fin supremo de la existencia humana, ni apología, ni perdón. Nada es lúdico, todo es solemne. Tal vez para no caer en el infierno, sea interesante verlo primero en un contexto artístico porque el enfrentamiento con la realidad siempre es más fuerte que cualquier representación.

Larry Clark realizó entre 1972-80 quizás sus mejores fotografías, en las que puede contemplarse numerosas escenas en las que él y sus amigos aparecen inyectándose droga; semidesnudos y protagonizando escenas de sexo, de violencia (simulada) y bajo los efectos de los narcóticos. Son fotografías que contienen un aspecto documental elevado pero que, al mismo tiempo, denotan cierto artificio y puesta en escena, especialmente en las que simula actos de violencia, en la serie “Teen Lust”. En la de “Tulsa” 1980, por ejemplo, hay secuencias en las que puede verse como los jóvenes se inyectan la droga y podrían servir perfectamente para ilustrar un artículo divulgativo e incluso con cierto rigor científico. Con los años ha ido evolucionando en estos mismos temas, con más o menos acierto; aunque siempre manteniendo una estética documental de las experiencias marginales que protagonizan algunas personas. La presencia de la cámara sirve para articular cierto simbolismo y entender algunas imágenes que están entre la pose y la realidad.

Me parece que Clark, que de siempre ha sido así de "escandaloso", quiere ofrecer un mensaje crítico, duro y hasta casi filosófico, porque es un documentalista interesado por el existencialismo o malvivir de las personas en un mundo perverso. Muestra en sus fotografías, o eso me parece a mí, una micro-sociedad y una atmósfera de los bajos fondos, de la búsqueda del placer, de la desorientación de los jóvenes, de la vulnerabilidad de la carne y no hay que rasgarse las vestiduras por la dureza de sus imágenes; aunque sí preocuparse por lo que hay de realidad en ellas.

A todo esto Clark con la censura del Ayuntamiento de París dice que no entiende nada, que a ver si es mejor que los jóvenes descarguen pornografía y basura descontextualizada de internet, que a ver si eso es mejor que ver su muestra. Y yo le apoyo en esa idea, porque pienso, y lo he dicho antes, que las fotografías que expone en París cuenta un relato claro, son parte de la historia de la fotografía y son de un fotógrafo bueno que se merece un respeto. Entonces, tampoco yo entiendo a qué viene el numerito de la censura. Con la prohibición se impide a los menores de 18 años ver que no son tan bonitos los caminos de la droga, de la violencia o de la esclavitud al sexo.

Hay fotografías por ahí mucho más peligrosas para los jóvenes y nadie dice nada precisamente porque muchas veces son las propias instituciones las que las divulgan, dígase prisiones, psiquiátricos, o los mismos ayuntamientos, fotografías propagandísticas en las que se ensalzan los talleres de rehabilitación como un paraíso cuando no son otra cosa más que una imagen del infierno. Entonces, toda esa falsedad no es más que una nebulosa de confusión para un joven que puede pensar: "bueno, si entro a la cárcel o a tal clínica de drogas, parece que aquí todo se va a solucionar y voy a ir derecho al paraíso de la rehabilitación. Haré cursos de teatro, tocaré la guitarra, etc., etc.". Está claro que enfrentarse a las expresiones de Clark no puede ser peor que creerse esos discursos de propaganda.


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BERGER, John, El sentido de la vista, Alianza, Madrid, 1990, pág. 274.
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