Lavandería de la Casa de Orates 1924
Lavandería de la Casa de Orates 1924. Poleas, correas y un pequeño decaville que recorre con sus vías el Psiquiátrico, reproducen modelos industriales macro-económicos.

La explotación laboral de los enfermos mentales no es un tema del que se haya hablado mucho. Esta fotografía de la lavandería de la Casa de Orates, antigua clínica mental de Chile, relaciona de forma inquietante al enfermo mental con la explotación intensiva de pacientes al servicio del sistema capitalista. Cuando uno la mira, parece que se trata de una fábrica, no de un hospital.

César Leyton ha escrito en la Revista Frenia (Volumen VIII, año 2008) un artículo titulado: "La ciudad de los locos: industrialización, psiquiatría y cuestión social. Chile 1870-1940" y en ella incluye varias imágenes que muestran de qué forma un psiquiátrico puede parecer más una gran industria que un espacio de sanación para el enfermo. Y ésta de la lavandería es una de ellas.

El artículo es sorprendente porque revela cierto oscurantismo inédito de las instituciones psiquiátricas. Y frente algunas prácticas clínicas más conocidas y polémicas, como el electroshock, esta explotación tan llamativa sorprende.

La fotografía, que está fechada en 1924, parece más un espacio industrial que un hospital. César Leyton define bien esta situación cuando acompaña la imagen con el siguiente pie de foto: Poleas, correas y un pequeño decaville que recorre con sus vías el Psiquiátrico, reproducen modelos industriales macro-económicos.

Los datos que se ofrecen en el artículo respecto al número de fábricas que había en el centro en 1927 (colchones y almohadas, molino, harinas alimenticias, fideos, panadería, baldosas y mármoles artificiales, zapatería, sastrería, ladrillos, jabón y talleres de carpintería, herrería, gasfitería, electricidad y mecánica) y su producción son clarificadores respecto a la importancia económica del centro en el contexto general del país. Los datos, según Leyton se han consultado en las Memorias de la Casa de Orates.

En opinión de Leyton, la autonomía del establecimiento y la superación de la crisis económica fueron los objetivos inmediatos del proyecto, pero estos espacios de terapia psiquiátrica funcionaron también, como mecanismos de disciplinamiento de una masa de pacientes mentales, que volvieron a ser productivos, no para ellos, ni para la sociedad, sino para los que conducían la gran estructura económica y los sistemas de poder.

Para este autor, el psiquiátrico industrial es una nueva fábrica de subjetividades, donde se recupera y se cura a los pacientes para un nuevo sistema económico, que necesita una mano de obra sana. Pero, esto es más difícil de materializar, cuando se trata de la locura, un mal invisibilizado, imaginario, por lo tanto, las barreras, las poleas y el trabajo, actuarán como un torniquete u ortopedia mental, en un espacio que produce ahora un nuevo tipo de economía deseante, el obrero. La tecnologización de la locura, pasa a cumplir, a pesar de la patología, lo único normal que considera un sistema moderno social, el producir, el trabajar.

Leyton pone, además, en evidencia la hipocresía del sistema psiquiátrico cuando afirma que la necesidad de tener enfermos de «larga estancia» (crónicos) para que desarrollen trabajos en el manicomio, con vistas al autoabastecimiento, favoreció la construcción de la cronicidad en psiquiatría, con la aparición de categorías diagnósticas, como el delirio crónico, más por razones «económicas» que científicas.