El buscón - Francisco Quevedo
  • Título: El buscón
  • Autor: Francisco de Quevedo y Villegas
  • Editorial: Grupo Editorial Marte, S. A.
  • Lugar: Madrid
  • Año: 1988
  • Páginas: 190
  • ISBN: 84-7748-033-8

Tema

El buscón cuenta en apariencia las andanzas de un pícaro. Sin embargo, a través de sus aventuras, Quevedo refleja diferentes aspectos de la sociedad española del momento; donde reina la hipocresía y nada es lo que parece. De fondo, se observan las continuas estrategias metaliterarias que el autor pone en juego para hacer un libro que se acerca a las cuestiones claves de la teoría literaria (la creación, las tendencias, los tópicos literarios, la representación teatral. etc.).

Resumen

El protagonista, de nombre Pablos y natural de Segovia, es hijo de un barbero ladrón (Clemente Pablo) y de una mujer (Aldonza de San Pedro) que se dedica a las artes de la brujería. En ese contexto familiar, el joven vive sumergido en un estado de confusión; ya que se siente atraído por la virtud frente a unos progenitores que le aleccionan sobre los beneficios del robo y de la práctica del mal. Desubicado, por tanto, comienza su etapa escolar, que termina de forma precipitada. Es precisamente en el colegio donde se da cuenta de que no es bien aceptado por la mala fama de sus padres y recibe numerosos insultos por ello. Durante un desfile de carnavales, acompañado por sus compañeros de clase, tiene lugar un accidente, como consecuencia del cual muere un caballo, su amigo Diego se descalabra y diferentes vecinos salen mal parados; además de producirse numerosos desperfectos. La policía trata entonces de llevarlo preso y él decide, tras dejar el colegio y a su familia, ponerse a servir a su amigo Diego Coronel.

El padre de Diego, Don Alonso Zúñiga, toma la decisión de que su hijo vaya a prepararse con el licenciado Cabra, quien tenía en Segovia un centro de pupilaje para jóvenes y se dedicaba a formar a hijos de caballeros. Pablos, ya al servicio de Diego va a la residencia con él. Cabra, por su parte, resultó ser un hombre muy tacaño que mataba de hambre a los muchachos que tenía bajo su protección en el internado. Diego y Pablos sufren ayuno diario, durante la estancia en la casa del profesor, hasta que un día uno de los muchachos del internado muere y el padre de Diego va a rescatarlos. Los dos jóvenes pasan un largo tiempo de aproximadamente tres meses de convalecencia en casa de Don Alonso Coronel, debido a la extrema delgadez y debilidad que habían adquirido bajo el tutelaje del huraño licenciado Cabra. Después del largo y necesario reposo, Diego va a Alcalá de Henares a estudiar lo que le faltaba de la gramática y Pablos lo acompaña. En Alcalá de Henares Pablos comienza a robar, estafar y engañar porque se da cuenta de que los demás se ríen de su inocencia y le someten a bromas de mal gusto. Decide, entonces, cambiar de vida y hacerse un pícaro, un buscón. A partir de entonces, comprueba como todos alaban el ingenio con el que conseguía salir indemne de sus travesuras.

Sin embargo, Pablos decide irse de Alcalá de Henares una vez que es informado por parte de su tío verdugo, Alonso Ramplón, de que sus padres han muerto a manos de la justicia. Como herencia le correspondían cuatrocientos ducados que custodiaba su tío en Segovia, según le comentó en una carta recibida a través del padre de Diego. En ese mismo escrito, le informa de que su padre había muerto ahorcado y de que su madre estaba detenida en Toledo por la Inquisición, por lo que podría darla prácticamente por muerta ya; toda vez que había sido acusada de desenterrar a los muertos. Dadas las nuevas circunstancias, abandona Alcalá con la intención de cobrar la mencionada herencia que le esperaba en Segovia y de conocer a sus parientes para después huir de ellos.

Por el camino a Segovia, Pablos tiene diferentes aventuras en las que va poniendo en juego su personalidad de pícaro. Al llegar, se da cuenta de que su tío y sus costumbres no son de su agrado. Y así tras ser testigo de las borracheras de su pariente en compañía de amistades poco recomendables, pide su herencia y, tal como había previsto, le deja una carta en la expone con claridad su voluntad de no volver a verle nunca más en la vida: "Déjele en el aposento una carta cerrada, que contenía mi ida y las causas, avisándole de que no me buscase, porque eternamente no le había de ver"1.

Pablos, el buscón, inicia entonces el camino hacia la corte, donde conocerá a otros pícaros, que apenas tienen dinero para vestirse, por lo que deben estar remendándose continuamente la ropa y ocultando las roturas: "todos empuñaron aguja y hilo para hacer un punteado en un rasgado y otro"2. Maestros, tanto en el arte de la confección como en la de la simulación, viven hacinados en una casa junto a una anciana que les ayuda en sus mentiras y estafas. Pablos consigue, mediante engaños, que unas damas le presten unas joyas. Más adelante, se descubrirá el embuste cuando la vieja va de casa en casa a venderlas. Todos son detenidos y condenados a un destierro de seis años, menos Pablos que soborna al carcelero y consigue huir. Sus compañeros se fueron a Sevilla, pero él no los quiso seguir.

De nuevo en solitario por Madrid, Pablos trata de buscar novia con buena dote y, para lo cual, se hace pasar por un caballero llamado Felipe Tristán. Cuando consigue dar con la joven que le interesa, se produce un desafortunado acontecimiento. Su amigo Diego Coronel se encuentra en Madrid y casualmente conoce a esa joven. Cuando los dos se ven frente a frente, Diego le dice a Pablos que se parece mucho a un muchacho que tuvo una vez a su servicio y que es un sinvergüenza: "que no he visto cosa tan parecida a un criado que yo tuve en Segovia, que se llamaba Pablillos (...) Su madre era hechicera, su padre ladrón y su tío verdugo, y él el más ruin hombre y más mal inclinado que Dios tiene en el mundo"3. Diego no se cree los comentarios de Pablos, quien afirma ser Felipe Tristán.  Receloso y sospechando que efectivamente se trataba de Pablos le espía hasta confirmar sus sospechas. Entonces, toma la determinación de escarmentarlo y, para eso, ordena que le den una gran paliza, como consecuencia de la cual fueron necesarios ocho puntos en la cara para cerrar las heridas, tuvo que ponerse muletas y estar en casa durante ocho días.

Después de ese incidente, intenta simular ser un pobre lisiado y utilizar su buena prosa para infundir compasión entre el público: "trabajando en una viña, me trabó mis miembros, que me vi sano y bueno como se ven y se vean, loado sea el Señor"4. De esta forma, logró muchas limosnas y juntar alrededor de doscientos reales; momento en el cual decide dejar la Corte e ir a Toledo; donde inicia su carrera de actor y, después, de poeta para terminar enamorándose de una monja, que le hizo comportarse como un galán de monjas5. A la vista de que el romance no prospera, abandona las visitas al convento y se va a Sevilla, donde después de juntarse con unos rufianes, decide partir a las Indias en busca de una vida mejor tras haber participado en un asesinato en compañía de otros durante una borrachera.

Comentarios

El libro, perteneciente al subgénero de la novela picaresca, fue publicado por primera vez en 1626. Es posterior, por tanto a la primera novela picaresca: El Lazarillo de Tormes. Parece ser que la autoria no está en cuestión, aunque Quevedo negó haberla escrito por temor a las represalias de la Inquisición. Escrita en lo que se ha dado en llamar castellano antiguo, narra en primera personas las andanzas de un pícaro. Quevedo define a Pablos en su nota al lector como "el principe de la vida buscona" y anuncia lo que se puede encontrar en la obra: "Aquí hallarás -en todo género de picardía (...) sutilezas, engaños, invenciones y modos nacidos del ocio, para vivir a las drogas"6. En este caso, vivir a las drogas se entiende como vivir una vida llena de mentiras, tal y como se explica a pie de página en esa edición.

Francisco Quevedo perteneció a la corriente conceptista del Barroco frente a la culterana, representada por Góngora. Los dos escritores eran enemigos acérrimos, a pesar de que las dos corrientes tenían en común el empleo de unas expresiones retorcidas y complicadas. Ahora bien, los dos procedimientos lograban amplificación semántica y polisémica, ayudados por las figuras retóricas. En este debate estético y político, los dos escritores se enzarzaron en una pelea que llegó al terreno personal, como es sabido. Ahí ha quedado para la posteridad el famoso poema que Quevedo le dedicó a Góngora: "Érase un hombre a una nariz pegado", después de que éste hubiera criticado los poemas de Quevedo. Estas tendencias tuvieron su máxima expresión en la poesía, aunque se extendió también a otros géneros literarios inevitablemente. En resumen, el conceptismo daba más significado a la forma que al contenido y el culteranismo, por contra, tenía más interés por el contenido que por la forma7.

El protagonista, Pablos, sufre una evolución psicológica evidente a lo largo del relato. En un contexto familiar, en el que los progenitores se mueven en el mundo del delito, cuando todavía es pequeño parece confundido sin diferenciar con claridad los límites entre el bien y el mal. Sumergido en la costumbre de ver hacer a cada uno de sus padres prácticas vinculadas con el mal, lo asume como un hecho natural, aunque no se siente inclinado a seguir ni a uno ni a otro, como puede verse en el siguiente fragmento: "Hubo grandes diferencias entre mis padres sobre a quién había de imitar en el oficio, más yo, que siempre tuve pensamientos de caballero desde chiquito, nunca me apliqué a uno ni a otro"8; a pesar de que su padre le aleccionaba así sobre el arte del robo: "Quien no hurta en el mundo, no vive. ¿Por qué piensas que los alguaciles y jueces nos aborrecen tanto? (...) porque no querrían que, adonde están, hubiese otros ladrones sino ellos y sus ministros"9. Pero, Pablos parece ajeno a las críticas que su padre hace a todo el aparato político y de justicia. En todo caso, Pablos sólo sabe que desea ser bueno y "quería aprender virtud resueltamente, y ir con mis buenos pensamientos adelante. Y así, que me pusiesen a la escuela, pues sin leer ni escribir, no se podía hacer nada"10.

Al ir al colegio es cuando realmente se da cuenta de que los oficios de sus padres provocan las burlas del resto de los niños y así lo expresa en la narración de los hechos:"Todo lo sufría, hasta que un día un muchacho se atrevió a decirme a voces hijo de una puta y hechizera; lo cual, como me lo dijo tan claro (...) agarré una piedra y descalabréle"11. Tras ese incidente, parece necesitar unas explicaciones y así se las pide a su madre: "Roguéla que me declarase si le podía desmentir con verdad: o que me dijese si me había concebido a escote entre muchos, o si era hijo de mi padre. Rióse y dijo: Ah, noramaza, ¿eso sabes decir? (...) Muy bien hiciste en quebrarle la cabeza, que esas cosas, aunque sean verdad, no se han de decir"12. Es a partir de ese momento, en el que decide irse de casa en cuanto tuviera ocasión. Es decir, huyó del mal para llevar a cabo un camino iniciático circular que le vuelve a colocar en el mismo sitio, alejado de la virtud. Presenta así el escritor a un personaje predestinado a moverse entre buscones hasta que no cambie de forma de vida. Quevedo lo deja claro al final del libro: "pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres"13.

Hay un debate recurrente en torno a Quevedo y a El Buscón que resulta de especial interés y que tiene que ver con la ideología y el punto de vista con el que el autor trata la problemática del engaño, de la herejía y del delito. En principio, no parece que Quevedo sea un gran revolucionario, aunque esta obra rezuma pesimismo y sarcasmo por todos los costados. En un primer momento, la forma en que se presenta a los padres del protagonista muestra ya los deseos por parte de Quevedo de evidenciar una decadencia moral en el seno familiar del protagonista; debilidad ética que se va a trasladar a los estamentos sociales con los que convive el pícaro. Pero, el intento por reducir todo a la idea de que para mejorar hay que cambiar de modo de vida y de costumbres, seria simplificar la cuestión y reducirla a un simple énfasis didáctico. En todo caso, Quevedo consigue a través de su personaje maldito, condenado a salir de una para meterse en otra mayor, describir al detalle las diferentes puestas en escena de las mentiras interesadas. Es, por tanto, un tratado sobre la hipocresía de la sociedad de una época, que ha conocido ya de traiciones a sus propios valores.

En definitiva, el libro tiene algunos rasgos literarios que lo contextualizan inevitablemente dentro del barroco. Como por ejemplo, la crítica y la sátira hacia la sociedad de la época de la que se acaba de hablar. Además, Quevedo moviliza un tópico literario muy usual en ese momento histórico, como es el del mundo al revés para poner en evidencia el caos y la corrupción total. También está presente el pesimismo en la narración y en la descripción; así como la utilización de un lenguaje sofisticado, que el escritor cede a un personaje que finalmente va a tener talento literario y que se hace poeta cuando le conviene. No en vano, el protagonista narra su historia con un nivel de lenguaje culto, pero esto viene justificado porque lo cuenta un hombre que sabe escribir y que se ha llegado a ganar la vida como escritor; lo que le permite mirar hacia atrás y describir los hechos desde una infancia inocente hasta llegar al crimen. Lógicamente, ya de adulto, tiene a su favor cierto dominio retórico del lenguaje que le permite describir los acontecimientos y narrar las descripciones con gran maestría. De tal forma que el estilo está fortalecido, por un lado, por ese poderío del lenguaje del que hace gala Quevedo y, por otro, de los giros del lenguaje, expresiones y léxico de la época, como puede comprobarse en el siguiente fragmento del momento del crimen: "limpiamos dos cuerpos de corchetes de sus malditas ánimas, al primer encuentro. El alguacil puso la justicia en sus pies, y apeló por la calle arriba dando voces. No lo pudimos seguir por haber cargado delantero"14.

En todo caso, cuando Quevedo escribió El Buscón, ya se habrían publicado las dos partes de El Quijote y también, lógicamente, la versión apócrifa de Avellaneda en medio de las dos de Cervantes. Por tanto, Quevedo había sido testigo de toda la artillería metaliteraria que podía incluirse en un libro de novelas. Y él va a seguir esta tendencia cuando, entre otras cuestiones, convierte a Pablos en un poeta de éxito; aunque no por ello deja su vida de pícaro a la que acaba volviendo siempre que tiene un periodo de descanso en sus quehaceres de mentir. Sin embargo, Quevedo está en este libro lejos de plantear una confrontación entre dos mundos o visiones: la realista y la idealista y de enfrentarse a una posición relativista; tal y como Cervantes plantea la historia de El Quijote. El Buscón debe situarse sin duda dentro de una literatura que después sería desarrollada por los románticos en los cuadros de costumbres, con un ejemplo claro en la potencia y contundencia crítica del escritor y periodista Mariano José de Larra. En este sentido, hay que recordar, la última reflexión de Pablos: "pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres"15; con la cual el autor parece recaer la culpa en el comportamiento individual, ya que no plantea la necesidad de un cambio en las estructuras de poder o la política, sino más bien en la ética personal.

Notas

1 QUEVEDO Y VILLEGAS, Francisco de, El buscón, Editorial Marte, Madrid, 1988, p. 107. Resulta paradójico que Pablos huya del mal sólo cuando lo vea en los hábitos y costumbres de sus parientes y no tenga problema en juntarse con pícaros de bajo perfil moral con los cuales no tenga parentesco. La conclusión que podemos sacar es que es un personaje que vive un conflicto psicológico profundo y que no quiere asumir que está predestinado a ser malo, en tanto y en cuanto, todos los familiares que le rodean parecen moverse sin problemas en el mal.

2 Ibídem, p. 123. Se advierte ahí la intención de Quevedo, ya que los remiendos son metafóricamente las estrategias simuladoras e hipócritas de una sociedad y de unos personajes, que tratan de aparentar ser otra cosa mejor a la que son para conseguir sus fines.

3 Ibídem, p. 159. Pablos, al oír esas palabras no consigue aguantar la ira y teme ponerse en evidencia. Pero finalmente calla y niega ser Pablos. Reniega, por tanto, de sí mismo porque parece no querer asumir su condición de pícaro.

4 Ibídem, p. 170.

5 La historia del enamoramiento de Pablos, se constituye como un microrrelato con una personalidad propia. Aunque las mascaradas y las apariencias siguen teniendo gran protagonismo en esta parte de la novela, parece que la corrupción y la manipulación de las órdenes religiosas se ven con claridad a través de comportamientos pervertidos y censurables de sus religiosos. De tal forma que, al darse cuenta de que no llegaba a nada en firme con la monja, comenzó a sentirse manipulado: "empezáronme a enfadar las torneras con despedirme y las monjas con pedirme. Consideré cuán caro me costaba el infierno, que a otros se da tan barato y en esta vida, por tan descansados caminos". Ibídem, p. 181.

6 Ibídem, p. 27.

7 Se trata, no obstante, de un debate confuso entre las dos corrientes, dado que las dos a su manera mantenían un estilo sofisticado y de difícil comprensión. Aunque por medios distintos, parecían llegar a unos resultados parecidos en lo que respecta a la lectura de sus textos. En esa misma línea de clasificaciones no muy rigurosas, estaría el debate de mediados del siglo XIX entre parnasianistas y simbolistas, ya que ambas tendencias estarían sumergidas dentro de los movimientos de vanguardia con un marcado perfil esteticista.

8 Ibídem, p. 33.

9 Ibídem.

10 Ibídem, p. 34.

11 Ibídem, p. 36.

12 Ibídem.

13 Ibídem, p. 188.

14 Ibídem, p. 187. En esa época, apelar significaba huir y "cargado delantero", que estaban borrachos.

15 Ibídem.


Imagen destacada

La ley de la pistola

© George Silk. La ley de la pistola, 1957. Gelatinobromuro
© George Silk.
La ley de la pistola, 1957.
Gelatinobromuro

El que está en el suelo de la barbería es un gánster que acaba de ser asesinado. Esta imagen de George Silk está incluida en el libro Grandes Fotógrafos, de la Editorial Debate. La fotografía, fechada en 1957, tiene su interés como se verá. El gánster es Albert Anastasia. Fue asesinado en la barbería del hotel Park Sheraton de Nueva York. Leer más...

Cita

Todo el mundo habla de «distorsión fotográfica», sin darse cuenta de que la «distorsión» no está tanto en la fotografía como en nuestros hábitos mentales y en nuestros mecanismos visuales.

IVINS Jr., William M., “El sincronismo entre lo geométrico y otras ideas” en Poéticas del espacio, Steve Yates (ed.), Gustavo Gili, Barcelona, 2002, pág. 186.
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