
Susan Sontag
Ensayo profundo y complejo sobre el papel de la fotografía en la sociedad actual, teniendo en cuenta su propio origen.
Hay unas cuantas ideas que aparecen de continuo en el libro. Una de ellas es el carácter esteticista de la fotografía que tiene su origen, entre otros elementos, en el paso del tiempo que es precisamente lo que la vuelve surreal: el irrefutable patetismo de un tiempo ido, según la opinión de la autora.
Las fotografías son, para Susan Sontag, estéticamente indestructibles. El surrealismo, precisamente inmerso en la médula de la fotografía puede servir para proponer que coleccionemos el mundo (colección de rarezas).
Susan Sontag otorga así un carácter reaccionario a la fotografía o por lo menos expresa su temor a que esto ocurra. Otra crítica que formula a la tendencia estetizante de la fotografía es, justamente, que el principal efecto de la imagen fotográfica es convertir el mundo en un supermercado o museo donde cualquier modelo es rebajado a artículo de consumo.
Otra idea expuesta por Sontag tiene que ver con la relación ambivalente de la fotografía con la realidad. Por un lado, como algo que dota de realidad a las imágenes y, por otro, lo que la hace perder precisamente esa realidad. El peligro y el poder de las fotografías consiste en que, al mismo tiempo, nos ofrecen una relación experta con el mundo y una aceptación promiscua del mismo (es el temor que tiene siempre presente Sontag cuando habla del matiz esteticista y surreal de la fotografía).
El fotógrafo transforma la realidad en antigüedad y pone en evidencia que la realidad es perecedera, insuficiente e inclasificable. El realismo fotográfico tiene más que ver con lo que realmente percibo que con lo que realmente hay. Está presente toda una dialéctica entre el asedio de la realidad o la sumisión a la realidad. La fotografía no es sólo una interpretación de la realidad sino también una huella o máscara mortuoria que puede conferir realidad o poner en evidencia que la realidad no existe. Sontag considera que la fotografía recicla lo real.
Otra cuestión que se trata en el libro es la relación de la fotografía con el fotógrafo. Desde esta perspectiva, la autora analiza hasta que punto fotografiar es un acto violento de apropiación que puede, en el extremo de la metáfora, asesinar. La apropiación de la realidad, sería para Susan Sontag, como un primer paso para la apropiación fotográfica. Las fotografías retratan un temperamento individual, en el sentido que lo expresaba Minor White y, por consiguiente, el fotógrafo en su relación con la fotografía puede provocar una anulación del yo o una celebración del ego.
Sobre la esencia de la fotografía y sus cualidades intrínsecas, Sontag realiza algunas afirmaciones de interés:
Una de las afirmaciones más importante de Susan Sontag es que la fotografía crea nuevas ambiciones para las artes y todo arte aspira a ser fotografía. Por lo tanto, la fotografía no es sólo una interpretación de lo real, sino también una huella o máscara mortuoria. En este contexto, la sensación de que el proceso fotográfico es algo mágico también tiene su sentido.