
Philippe Dubois
Reflexión profunda sobre la fotografía y lo que representa ésta como un acto fotográfico. La fotografía es considerada en este libro como una huella de la realidad y su autor nos explica los límites que esta afirmación lleva consigo.
A lo largo de la reflexión teórica de la fotografía han existido, por orden cronológico varias tendencias:
Hay varios trabajos teóricos contemporáneos que nos hablan de la fotografía como huella de la realidad: Benjamín, Barthes, D. Roche, y Rosalind Krauss, entre otros. En este mismo sentido reflexiona Dubois que considera a la fotografía, además de una huella de lo real, una categoría de pensamiento.
Profundizando en esta posición teórica, Dubois llega a la conclusión de que la fotografía es como una imagen-acto y que su categoría de index funciona en el momento de disparar, antes y después funcionan los códigos.
En su opinión, estas serían las consecuencias teóricas positivas de considerar la fotografía como un index (como huella de lo real):
Pero, también encuentra ciertos límites en la noción de index. Así, desde su punto de vista, la fotografía no explica, no interpreta, sólo funciona como index en el momento del disparo y, lo más importante, que hay una necesidad de distancia, de separación, de corte. Aquí desarrolla Dubois ideas como el abismo y el carácter enigmático de la imagen fija.
La conclusión principal de estas reflexiones es que se produce una duplicidad de la imagen que quedaría explicitada a través de dos principios:
Por otra parte, Dubois nos recuerda que la fotografía constituye una verdadera categoría epistémica, de pensamiento. No en vano, la teoría de la huella ha tenido influencia en el arte del siglo XX (M. Duchamp, land-art, ready-medy, body art, performance...) y ha representado el paso de la estética clásica de la mímesis a una estética de la huella.
Además, la fotografía como práctica indicial reestablece el dispositivo teórico de la pintura tomada en su momento originario. Lo que acentuaría en la historia y la teoría del arte la necesidad de una inscripción referencial, es decir, la imposición irreductible de la dimensión pragmática de la obra de arte.
Hay que tener en cuenta que todos los relatos, ya sean históricos (cuevas de Laxcaus), fabulosos (hª de Plinio) o mitológicos (Narciso y Medusa), hablan de que la pintura nació como una representación por contacto. En este sentido, la fotografía es una sombra impresa y fijada.
Para Dubois la fotografía aparece en el sentido fuerte como una “tajada” única y singular de espacio-tiempo, literalmente cortada en vivo. De esta manera considera que en la fotografía se producen dos cortes fundamentales:
En este contexto, el espacio fotográfico es el lugar en el que se articula el espacio representado y el espacio de representación.
Dubois se mantiene más o menos en la posición de Barthes con respecto a la consideración de la fotografía como huella de la realidad. Sin embargo, hace una serie de consideraciones:
Sin embargo, había que plantearse sino es en la dialéctica de estas dos necesidades donde puede hablarse de alucinación y abismo, no sólo en lo que a corte se refiere. De aquí proviene la duplicidad de la imagen: principio de distancia y principio de proximidad, de acuerdo con los argumentos de Dubois.
De especial interés resultan sus consideraciones de la fotografía como tanatografía, cuando analiza el corte temporal. Esta tanatografía nos habla de como lo muerto expresa lo vivo.