
Paul Virilio
Virilio analiza en este libro como se ha llegado a esta época de la lógica paradójica (vídeo, imágenes de síntesis) y lo que esto ha supuesto para las imágenes mentales, para la verdad y para la percepción del individuo. La velocidad de la luz, desde su punto de vista, se nos presenta como el único concepto absoluto en un momento en que el espacio y el tiempo han dejado de existir como categorías contundentes.
En opinión de Virilio, en el momento en que pretendemos procurarnos los medios para ver más
y mejor lo no visto del universo, estamos a punto de perder la escasa capacidad que teníamos de
imaginarlo
. A su juicio, estamos sufriendo las consecuencias de un fenómeno de aceleración
que suprime nuestro conocimiento de las distancias y las dimensiones
(pág. 14).
La televisión pone definitivamente en cuestión no sólo la problemática del lugar de formación de las imágenes mentales sino también la consolidación de la memoria natural. Como argumento original, expone de que forma el individuo y la masa se ven condicionados por los estímulos luminosos (iluminación masiva en las grandes ciudades).
Actualmente nos encontramos en una época en que la memoria topográfica ya ha desaparecido y en donde sólo hay lugar para una logística de la percepción, en la que ya no tienen cabida las imágenes mentales.
La teoría de la relatividad de Einstein inauguró una nueva época. Categorías, como el espacio y el tiempo, firmemente establecidas, ya no lo son tanto. En esta tesitura, la invención de la fotografía, considerada como instantánea de la realidad, cuestionaba a su manera estas mismas categorías.
El siglo XIX es un auténtico siglo de las luces. Desde la prensa y la literatura se intenta prolongar esa iluminación callejera a la vida diaria, con una persecución constante de la oscuridad, ayudada por un deseo de aclarar todos los detalles de los hechos. Lo que provocó que las técnicas policiales influyeran en:
Ver sin ser vistocomo principio básico de la no comunicabilidad policial (pág. 58).
Considera Virilio que nos encontramos no en una época de simulación sino de substitución. El avance de las tecnologías de la representación y su instrumentalización militar, científica y policial es su característica más importante.
Cuando los militares comprenden que los fotógrafos, surgidos del documentalismo,
hacen perder las batallas por adelantado, apartan nuevamente a los cazadores de imágenes de los
campos de batalla
(…) los representantes de la prensa, de la televisión, convertidos
en testigos molestos, son secuestrados o asesinados deliberadamente
(pág. 74).
Algunas de las cuestiones que Virilio plantea en este apartado son las siguientes:
es la que se inicia con el invento de la videografía, de la holografía y de la infografía...como si, en este fin del siglo XX, el agotamiento de la modernidad estuviera en sí mismo marcado por el agotamiento de una lógica de la representación pública(pág. 82).
El libro de Virilio resulta fundamental para comprender la relación que hoy en día se ha establecido entre cuatro conceptos fundamentales: representación, realidad, memoria y velocidad y en que medida estas nociones determinan de forma definitiva el modo en que se entiende la imagen.
Lo más importante del los argumentos que expone en este libro sin duda tiene que ver con la afirmación de que nos encontramos no en una era de la simulación (posición que defienden autores como Jean Baudrillard) sino en una era de la sustitución. En este sentido afirma lo siguiente:
Con la lógica paradójica, en efecto, la realidad de la presencia
en tiempo real del objeto es la que queda definitivamente resuelta, mientras que en la era
de la lógica dialéctica de la imagen precedente, sólo era la presencia en tiempo
diferido, la presencia del pasado, la que impresionaba duraderamente las placas, las películas
o los films, adquiriendo así la imagen paradójica un estatuto comparable al de la sorpresa,
o más exactamente aún, al del “accidente de la transposición
(pág.
83).
Ahora bien, ¿qué sucede cuando los modelos de representación se superponen sobre
nuestra visión directa del entorno? En este sentido Paul Virilio reconoce que en el momento
en que pretendemos procurarnos los medios para ver más y mejor lo no visto del universo; estamos
a punto de perder la escasa capacidad que teníamos al imaginarlo
(págs. 13 y 14).
El análisis de Virilio se centra en el cambio profundo en los modos de percepción y en el papel de la cámara como intermediario entre el sujeto y el mundo que le rodea. En sus indagaciones “destapa” todo un problema filosófico y político por cuanto el interés principal y dominante en la sociedad de consumo consiste en verlo todo a costa de lo que sea y caiga quien caiga.
Se trata de un fenómeno que ya pone en evidencia P. Virilio y que hace referencia a esa necesidad
de más luz que ha acompañado al hombre a lo largo de su historia y que persiste en esta
nueva logística de la percepción
, que consiste en una guerra de
imágenes y de sonidos que suple la de los objetos y las cosas, donde, para ganar, basta con
no perderse de vista. Voluntad de verlo todo, de saberlo todo, en cada instante, en cada lugar; voluntad
de iluminación generalizada, es otra versión científica del ojo de Dios, que prohibiría
para siempre la sorpresa, el accidente, la irrupción de lo intempestivo
(págs.
90 y 91).