Paul Virilio - Estética de la desaparición
  • Título: Estética de la desaparición
  • Autor: Paul Virilio
  • Editorial: Anagrama
  • Lugar: Barcelona
  • Año: 1988
  • Páginas: 128
  • Colección: Argumentos
  • ISBN: 84-334-0092-7

Tema

Las cuestiones fundamentales que aborda Virilio en el libro tienen directamente que ver con la velocidad y las diferentes formas de desaparición que experimenta el hombre actual.

Resumen

Comienza Virilio hablando de la picnolepsia que es una enfermedad por la cual una persona se ausenta temporalmente de los espacios en un estado de abstracción patológica, podríamos decir. Él define esta enfermedad como un fenómeno de masas. En su opinión, los azares tecnológicos han recreado las circunstancias desincronizantes de las crisis picnolépticas. Entre otras cosas, señala que lo que llega posee tal adelanto sobre lo que pensamos, sobre nuestras intenciones, que jamás podremos alcanzarlo, ni conocer su verdadera apariencia. Algunas de las afirmaciones que realiza son las siguientes:

  • La sociedad vigilante marca horas iguales para todos.
  • La sociedad como un desierto de incertidumbres.
  • Nuestra sociedad hiperprevisora camina hacia una cultura del azar, de lo aleatorio.

Volviendo al ataque picnoléptico, para este autor puede considerarse como una especie de libertad que se deja al ser humano para inventar sus propias relaciones con el tiempo y así dejar paso a la potencia creadora de lo no visto y el poder de la ausencia. La tradición hebrea, explica Virilio, muestra dos aspectos de la falta; representados por dos desiertos que emergen el uno del otro.

  • Desierto Chemana: desesperación, destrucción.
  • Desierto Hidbar: incertidumbre, esfuerzos.

A medio camino, por consiguiente, entre lo mágico y lo científico coloca Virilio la epilepsia. En este contexto, el sistema de lo divino es también una red de acontecimientos, donde los dioses son realizaciones en marcha. En el segundo capítulo, pone en cuestión las verdades eternas y habla de la instauración de una transparencia de las conciencias mediante la cohesión de sensaciones (aniquilando la originalidad de las sensaciones). Habla, además, Virilio de fenómenos de sorpresa estética: también se podría señalar que los grandes descubrimientos son acontecimientos que pertenecen al dominio de la conciencia más que al de la creencia. Fenómenos de sorpresa estética; de donde podría deducirse que la estética de la desaparición renueva la aventura de la apariencia.

Tiene referencias continuadas a la velocidad, al motor, a los coches y al conductor que ya sólo está cómodo en la estrecha célula de su vehículo, embutido en su asiento y los faros y las luces de posición son su nueva presencia. La velocidad ha provocado un anamorfismo, una alteración de las dimensiones, una falsificación de los factores de la distancia y la apariencia. En este contexto, la luz es velocidad, poder y vector.

En la tercera parte del libro mantiene Virilio que en el origen del hombre y su expulsión del paraíso hay un desarreglo de la visión (fenómenos visuales), es decir, un intento de modificar las apariencias. La seducción es aquí una dimensión cosmodinámica, el rito de paso de un universo a otro. Para Novalis, el universo no es más que la prolongación de la bienamada: el cuerpo de la mujer confundido con un cuerpo de comunicaciones, un vector ideal entre el hombre y el mundo nuevo. En el episodio del Génesis se observa que el cumplimiento del rito de paso de un universo a otro provoca no sólo una metamorfosis de la vista sino, también, un disimulo inmediato, un 'camuflaje' prudente de los cuerpos.

Según Virilio pronto se descubre el carácter trágico de la necesidad de seducir, de no cesar de seducir. Detenerse es morir:

Fatalidad absoluta

  • Rito de paso.
  • La vida se transforma en un viaje pendular (extremos: nacimiento y muerte).
  • Apogeos delirantes de la actividad seductora.
  • Nada tiene sentido:
    • El amor como subproducto del crimen.
    • El crimen como subproducto del amor.

Una idea trascendental anota aquí Virilio en este caos expositivo: que de la uniformidad se pasa a la invisibilidad,por ese intento de generar una conciencia global y de anular las iniciativas individuales; lo que desemboca finalmente en la desintegración (la invisibilidad) y no en la identificación. En esta situación, la ciencia nos ha convertido en seres durmientes, por lo que nos encaminamos hacía un más allá técnico: al falso día onírico. La velocidad, por lo tanto, nos afecta en varios sentidos: al papel del hombre y de la mujer (utilizada en la publicidad) y a nuestras propias aspiraciones.

En el último apartado del libro señala como la violencia de la velocidad domina el mundo de la técnica y, por eso, la rapidez pervierte todo. Es un proceso de distorsión, en suma. Así, el sujeto está sustraído a perpetuidad de su contexto espacial y temporal: el viaje repetido, el transporte acelerado de personas, signos o cosas, reproducen agravados los efectos de la picnolepsia porque provocan esta sustracción. En conclusión, la velocidad agrava los procesos de ausencia y el viajero habitante de los medios de transporte veloces se vuelve un negador de las dimensiones terrestres. En relación al tiempo, éste tiene una sola realidad: la del instante sin duración; de tal forma que el tiempo y el espacio nos parecen infinitos cuandono existen. Finaliza Virilio con la siguiente frase: Olvido final de la materia y de nuestra presencia en el mundo, más allá de la barrera del sonido, y más allá de la barrera de la luz.

Comentarios

La idea de la velocidad como elemento que distorsiona las coordenadas espacio-temporales es el eje principal del libro de Virilio. Unida a esta idea, está también la ausencia, en un principio introducida por la picnolepsia, pero que a lo largo del texto se ve íntimamente relacionada con la velocidad y las distorsiones que ésta puede producir hasta provocar una desaparición total del sujeto (desintegración y deformación de las coordenadas espacio-temporales).


Imagen destacada

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Cita

He de tener los ojos bien abiertos y si veo algo sospechoso avisaré inmediatamente a los otros… Sólo que no hay otros…

ALLEN, Woody, Sin plumas, Tusquets, Barcelona, 1981, pág. 68.
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