Portada del libro 'La ilusión del fin. La huelga de los acontecimientos' de Jean Baudrillard
  • Título: La ilusión del fin. La huelga de los acontecimientos
  • Autor: Jean Baudrillard
  • Editorial: Anagrama
  • Lugar: Barcelona
  • Año: 1993
  • Páginas: 192
  • Colección: Argumentos
  • ISBN: 84-339-1372-7

Tema

El libro recoge las argumentaciones de Jean Baudrillard sobre el papel de la historia en la sociedad actual. Su hipótesis central es que la historia ya no existe y, como consecuencia de esto, se ha evaporado la posibilidad misma del fin.

Resumen

Hay algunas ideas que reaparecen de continuo en el texto de Baudrillard. Entre ellas, el argumento según el cual en un punto preciso en la década de los 80, la historia tomó la curva girando en dirección opuesta y dejó de ser real y, lo que es peor, no tiene ninguna posibilidad de llegar a su fin.

Hay varias hipótesis, según Baudrillard, que explican el desvanecimiento de la historia, entre las que se encuentran: la aceleración, la disminución de la velocidad de los procesos y el efecto estereofónico (la sofisticación de los acontecimientos provoca su desaparición).

Baudrillard nos habla de una nueva forma de gravitación, no de caída hacía el centro: la ascensión del vacío hacía la periferia. Los nuevos acontecimientos se precipitan en el vacío gracias a la desinformación radical de los medios de comunicación.

La disuasión juega aquí un papel importante impidiendo el paso al acontecimiento y, si tiene lugar, su credibilidad. En este contexto, la historia no puede tener fin porque se ha desprendido del tiempo cíclico para caer en el orden de lo reciclable, del arrepentimiento y del resentimiento, elementos todos ellos postmodernos. La consecuencia principal de todo esto es que se produce la huelga de los acontecimientos y se intenta significar cualquier cosa.

Analiza Baudrillard acontecimientos recientes como el desmantelamiento del comunismo en el este, los falsos fusilamientos o ejecuciones de Rumania y la guerra del golfo que no vienen más que a confirmar sus ideas de que los acontecimientos cada vez tienen menos sentido, menos realidad.

Hechos que conocemos a través de los medios de comunicación y ante los que nos rendimos por la evidencia de la imagen, su credibilidad, que no tiene nada que ver con la verdad ni con la realidad pero sí con la simulación. Sufrimos en su opinión un crimen de chantaje y simulación, somos rehenes emocionales y ¿cuál es el castigo previsto para una toma de rehenes semejantes?, se pregunta este analista.

Con el simulacro de la guerra, se ha producido el engendro: un Nuevo Orden Mundial y con él un Nuevo Orden Sentimental (canibalismo caritativo, tutela vampírica). Así, la miseria de los demás se convierte en nuestro territorio de aventuras. Para este autor, vivimos en un mundo sin memoria y paradójicamente sin olvido por la rememoración masiva de rostros y figuras de nuestra vida.

Estamos hambrientos del signo del pasado para llenar el espacio vacío de nuestra memoria (desequilibrio simbólico). Para que exista un equilibrio simbólico entre la vida y la muerte, el bien y el mal, lo humano e inhumano no se puede producir una actualización incondicional de todo lo que hasta ahora no era más que un sueño, un mito, una idealidad, una apariencia.

En este contexto puede situarse la idea de la inmortalidad en vida, como se está tratando de hacer con experimentos tipo Biosfera II que tienen como objetivo el establecimiento de una inmortalidad de la especie en tiempo real sin haber resuelto el problema del fin.

Como no hay ningún fin concebible, ni siquiera el de la historia, no nos queda más remedio que manipular el más allá del fin, la inmortalidad técnica, sin haber pasado por la muerte, por la operación simbólica del fin, señala Baudrillard. Siempre es necesario que existan zonas de penumbra, de no llegar al límite de nuestras posibilidades de significarlo todo para dejar un hueco al vacío intersticial.

El nuevo individuo, no alineado, metastásico, interactivo, idéntico a sí mismo, siente curiosamente indiferencia hacia sí mismo. Vivimos inmerso en la metástasis, en el caos con una inestabilidad exponencial (se parta de donde se parta siempre se llega al mismo sitio) y una estabilidad exponencial (precipitación de los acontecimientos que interrumpen la trayectoria lineal de la historia). Al poner las funciones superiores en órbita, se transforma el propio planeta en residuo, en territorio marginal, en espacio periférico.

Nuestros sistemas complejos, virales, metastásicos, condenados a la dimensión exponencial, a la excentricidad y a la escisiparidad fractal indefinida ya no son capaces de llegar a su fin. No tienen destino y están condenados a la epidemia, a las excrecencias sin fin de lo fractal, y no a la reversibilidad y a la resolución perfecta de lo fatal. La historia se ha vuelto interminable, inventamos entonces la inmortalidad del más acá y persiste el intento desesperado por recuperar la referencia.

Cuanto más tratamos de volver a dar con lo real o con la referencia, más nos abismamos en la simulación. La historia se ha perdido y gira a nuestro alrededor como un satélite artificial, privada de su fin, ya ni siquiera conservamos el presentimiento del fin, ni del retorno. Tan sólo el resentimiento de la desaparición.

La esfericidad del tiempo nos hace volver sobre nuestros pasos y borrar las huellas, hasta más acá de la historia. Para Baudrillard, tenemos dos formas de olvido:

  • La exterminación lenta o violenta de la historia.
  • El paso del espacio histórico al publicitario.

En esta situación, ¿qué puede hacer el género humano?:

  • Realizarse egoístamente según un individualismo (Stirner).
  • Realizarse a través de una larga vía histórica (Marx).
  • Hacia lo sobrehumano, transmutación de los valores (Nietzsche). La especie humana debe volver a encontrar la gran metamorfosis, la del devenir. Situación ideal. Sin embargo, se está tendiendo hacia lo subhumano, hacia la desaparición de las características simbólicas de la especie. Es una desimbolización general. Se deja ver tras esta propuesta de Nietzsche el deseo expresado por Baudrillard al final del presente libro con la hipótesis de la reversibilidad práctica de los acontecimientos.

Comentarios

  • Baudrillard habla de la década de los 80 como el momento en que la historia tomó la curva girando en dirección opuesta, justo en el momento en el que se puede hablar plenamente de la condición postmoderna.
  • A pesar de que el acontecimiento sí es reversible, sin embargo, no podemos alcanzar la reversibilidad y estamos condenados a la escisiparidad fractal indefinida.
  • Sobre el vacío: según él los acontecimientos se precipitan en el vacío. Es una de las pruebas de que la historia se ha perdido y gira a nuestro alrededor, privada de su fin.
  • Según Baudrillard, la promiscuidad universal de las imágenes acentúa nuestro exilio y nos encierra en nuestra indiferencia. Yo creo que este exilio tiene que ver con el alejamiento de las referencias.
  • ¿Algo puede existir al margen de cualquier referencia? La respuesta estaría en el orden estético, considero.

Baudrillard se cuestiona continuamente la linealidad de la historia. En la página 183 dice textualmente: Acaso tal vez jamás haya habido en el fondo un desarrollo lineal de la historia, tal vez jamás haya habido un desarrollo lineal del lenguaje.

Mantiene que la única salida a esta situación es situarse en otra órbita temporal, en tomar un atajo elíptico y en pasar más allá del fin (sin dejar que éste se produzca). Sería de alguna forma acercarse a la teoría de la reversibilidad. Quizás, creo, estemos buscando un final que no existe porque el tiempo es cíclico y no lineal.

Ese intento continuo e insistente de volver a dar con lo real, con la referencia, nos hace abismarnos más en la simulación. Considero que no hay que confundir una concepción cíclica del tiempo con la esfericidad del tiempo que nos hace volver a nuestros pasos y borrar las huellas, hasta más acá de la historia (siempre saliéndonos de una u otra forma de la historia) que es lo que actualmente se empeña en hacer el ser humano.

Es muy acertada su hipótesis de las tres posibilidades de evolución que le quedan al ser humano: realizarse egoístamente, realizarse a través de una larga vía histórica o desarrollarse hacía lo sobrehumano en una transmutación de los valores (según planteaba el propio Nietzsche). Se trata de volver a encontrar la gran metamorfosis, la del devenir.

Sin embargo, nos empeñamos en conducirnos hacia lo subhumano buscando la inmortalidad antes de morir, hacia la desaparición de las características simbólicas de la especie. En este contexto, el hombre contemporáneo camina hacia una desimbolización general.


Cita

Pero ¿qué es propiamente el aura? Una trama muy especial de espacio y tiempo: la irrepetible aparición de una lejanía, por cerca que pueda encontrarse.

BENJAMIN, Walter, Sobre la fotografía, Pre-Textos, Valencia, 2004, pág. 40.
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