Adan Kovacsics - Guerra y lenguaje
  • Título: Guerra y lenguaje
  • Autor: Adan Kovacsics
  • Editorial: Acantilado
  • Lugar: Barcelona
  • Año: 2008
  • Páginas: 160
  • ISBN: 9788496834279

Tema

La relación entre guerra y lenguaje es motivo de reflexión para Adan Kovacsics en este libro. Para este autor, alrededor de la guerra todo termina convirtiéndose en productos o mercancías: la contienda, las víctimas, los periodistas, las imágenes y la propia paz. Por eso mantiene en el ensayo la hipótesis de que, en la primera gran guerra industrializada, la relación del lenguaje propagandístico con la contienda es la propia del lenguaje con la mercancía. Tal es así, que considera que es lícito asegurar que, a partir de ese momento, war (“guerra” / en inglés) pasó a ser ware (“mercancía”, en alemán).

Resumen

Durante la Primera Guerra Mundial se planteó la necesidad de utilizar a escritores para realizar las tareas de propaganda, difusión de hazañas militares, reforzamiento de la moral de la tropa y de la población. Por eso, en el archivo de guerra de Viena se reclutaba a literatos. Por ejemplo, Rainer María Rilke, estuvo trabajando en este archivo del 27 de enero al 27 de junio de 1916.

Sobre el trabajo propagandístico que realizaban los escritores, Kovacsics señala lo siguiente:

“La intención era crear una crónica que recordara, por un lado, los logros del ejército para las generaciones futuras y aumentara, por otro, la confianza del entorno en la resistencia de nuestros guerreros”, escribe Ginzkey (uno de los escritores que trabajaba en la oficina de propaganda) (…) El funcionamiento del grupo literario del archivo y el del cuartel de la prensa de guerra eran, pues, muy parecidos. En éste, también se “peinaba a los héroes”.

A continuación establece la relación estrecha entre lenguaje, guerra y mercancía:

En la primera gran guerra industrializada, la relación del lenguaje propagandístico con la contienda es la propia del lenguaje con la mercancía. También se puede formular a la inversa: la relación del lenguaje con la mercancía es la propia del lenguaje propagandístico con la guerra. Es lícito asegurar que, a partir de ese momento, war (“guerra” / en inglés) pasó a ser ware (“mercancía”, en alemán). Y lo cierto es que ahora hasta la paz e incluso las víctimas tienden a convertirse en productos, si es que no lo han hecho ya (…) Algunos corresponsales no se arredran ni ante la militarización del lenguaje, por un lado, ni ante la domesticación de la jerga militar, por otro.

Para este autor, está claro que la campaña publicitaria, la discursiva y la militar se unen y se entrelazan como los hilos de una soga. En este contexto, el drama se enfrenta a los aspectos más frívolos del lenguaje y las frías estadísticas no reflejan para nada el horror de la guerra. El lenguaje se militariza y la mística de los héroes sólo sirve para tapar lo que no se dice. En este sentido, Kovacsics, toda vez que ha admitido que la guerra necesita de exaltadores, divulgadores, portavoces, escritores, se va a referir a Ludwing Wittgenstein y a su distinción entre decir y mostrar: Las proposiciones dicen algo; tienen un sentido al representar un hecho; al hacerlo, manifiestan su forma lógica, la misma que tiene la realidad representada, pero que no puede decirse, sino que se muestra (...) y esto que no se puede decir, pero se muestra, es lo místico. El esfuerzo de Wittigenstein en aquellos años consistía precisamente en resguardar el espacio de lo indecible. En precisar su oposición a la pretensión de un lenguaje de abordarlo, abarcarlo, engullirlo todo.

Está claro que la imposición del lenguaje publicitario en la guerra, argumento que mantiene este escritor, es evidente:

Una guerra es, además de sus actos y sufrimientos, un torrente de palabras (…) A la crueldad se suma la frivolidad verbal (…) tras el inicio de la contienda, empiezan a aparecer datos sobre los aviones y las bombas (…) semejan extraídos de folletos publicitarios, como los que explican las prestaciones de un automóvil (…) El lenguaje que se impone es el publicitario.

En lo que se refiere a las fotografías, Kovacsics explica que existe una tendencia a ajustarlas a las ideas políticas y manejar su sentido. Sobre el particular, menciona las imágenes que enseñó Powell antes de la invasión de Irak:

Las imágenes que enseña Powell a estos miembros del Consejo de Seguridad reunidos en torno a la mesa no muestran tan sólo terrenos, edificios y vehículos fotografiados desde la altura, sino que comprenden también unas palabras que identifican algunos de los objetos (…) No es el discurso político el que tiene que ajustarse a la prensa, sino a la inversa: existe un discurso que es el destilado de una intención política (…) y a él deben adaptarse las pruebas (los hechos, las fotos, las representaciones) (…) Se trata precisamente de evitar a toda costa que las imágenes hablen.

En conclusión, las fotografías dirán lo que quieran los políticos que digan. Pero, para que la propaganda sobre la guerra sea exitosa, hay que llevar también a cabo una manipulación de la opinión pública, a través de un control general de los medios de comunicación; mediante una presencia continuada e interesada del tema:

Uno de los modos de presentación en la guerra como producto era su omnipresencia en los medios de comunicación o, dicho de otra manera, su forma de “actualidad”. Los diarios le dedicaban páginas y páginas (…) era preciso involucrar a sus habitantes y ello se producía mediante el volumen de lo actual y la ansiedad que provocaba.

Comentarios

El Libro de Adan Kovacsics es un texto reflexivo que pone a debate, entre otras cuestiones importantes, el sentido de la propaganda en la guerra. Escrito con mucha naturalidad y soltura, al estilo de los grandes pensadores, desvela algunas cuestiones desconocidas respecto a los conflictos bélicos, en sentido general, y sobre la Primera Guerra Mundial, en particular.

El espacio que dedica en el libro a relatar la forma en que se reclutaba a los escritores en el archivo de guerra de Viena es especialmente conmovedora. Sobre todo cuando repasa el caso de Rilke, reclutado para escribir y que se sintió completamente a disgusto en las tareas de escribir panfletos propagandísticos, en los que se trataba de construir y generar las imágenes de los héroes. Kovacsics habla del departamento del archivo donde se realizaba esta labor de: "peinar a los héroes". Un departamento en el que Rilke fracasó. Resulta interesante en qué medida se reclutó a literatos para que enmascararán la realidad siniestra con una ficción literaria construída. Era un ejercicio de creación, de imaginar, de ficcionar. Ahora bien, la realidad era otra cosa. Hay que comprender el estado general de la opinión pública, frente a una guerra mundial devastadora, que generaba gran incertidumbre y temor. De esta forma, los escritores fueron obligados a poner su talento al servicio del horror de la guerra; obligándoles a inventar, a mentir. De ahí claro está el malestar de Rilke.

Kovacsics ha sabido combinar a la perfección el acercamiento humanista a los escritores que fueron forzados a escribir, con una crítica severa contra la forma en que la guerra es construída como una mercancía más, que debe ser vendida a toda costa. En este sentido, el lenguaje se vuelve un instrumento manejado por el poder, al que se le obliga a decir necesariamente algo. Tal vez por eso Kovacsics menciona en su ensayo a Ludwing Wittgenstein, quien estaba hasta cierto punto obsesionado por mantener un espacio para lo indecible; porque precisamente es ahí en lo indecible donde puede tomar fuerza el horror, que es negado desde el fuerte lenguaje propagandístico, que no deja hueco para nada. Lo indecible es a veces la única esperanza para que se filtre el discurso de la verdad. Es evidente, además, que la propaganda es en sí misma un mecanismo que ata al lenguaje y lo dirige inevitablemente.

¿Cómo se convierte la guerra en una mercancía? Sobre esto, el autor facilita muchas pistas en su libro. Y en este juego de consolidar a la guerra y a todo su contexto como un producto, los medios de comunicación juegan un papel definitivo. Sobre todo es importante que la guerra se aborde de continuo en los medios, pero siempre bajo un estricto control de lenguaje publicitario, para vender en definitiva la imagen que se quiera. Si lo que se quiere es convencer a la opinión pública de que tal guerra es imprescindible por tal y cual motivo, se hace así y se construye esa ficción o falsedad. El ejemplo que pone de Powell con las fotografías es muy claro; prácticamente no necesita más explicación. Primero se piensa que se quiere decir, que se quiere que crea la opinión pública y después se buscan los elementos que ayuden a construir ese producto, esa mercancía; ya bien sean fotografías, reportajes, relatos fantasiosos sobre los héroes de guerra, víctimas, etc. Por eso, con este ensayo Kovacsics contribuye a poner más en evidencia ciertas mascaradas que inundan la era contemporánea. Sin embargo, el papel que el lenguaje, la literatura y los escritores pueden llegar a tener para denunciar la tragedia de la guerra, es algo que queda como asignatura pendiente y, además, como esperanza para escapar de la propaganda oficialista.


Cita

Consejo del indio yaqui a Castaneda: «Antes de embarcarte en cualquier camino tienes que hacer la pregunta: ¿tiene corazón este camino? Si la respuesta es no, tú mismo lo sabrás, y deberás entonces escoger otro camino».

CASTANEDA, Carlos, Las enseñanzas de Don Juan, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2002, pág. 208.
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