El impacto de la modernidad. Fotografía criminalística en la ciudad de México - Jesse Lerner
  • Título: El impacto de la modernidad - Fotografía criminalística en la ciudad de México
  • Autor: Jean Baudrillard
  • Editorial: TURNER (Coedición con CONACULTA y el INAH)
  • Lugar: México
  • Año: 2007
  • Páginas: 135
  • ISBN (TURNER): 978-84-7506-744-5
  • ISBN (INAH): 978-968-03-0267-3

Tema

Ensayo que recoge las investigaciones realizadas por el escritor estadounidense Jesse Lerner sobre las fotografías de crímenes en la Ciudad de México, en los años 30 y 40 aproximadamente. Para la realización de este trabajo, ha tomado como punto de partida las imágenes pertenecientes a la sección de Judiciales del Archivo Casasola. Si bien, la investigación incluye referencias de fotografías judiciales que están presentes en otros archivos del Distrito Federal, también de esa época. Jesse Lerner ha concedido en su estudio, incluido ahora en este libro, mucha importancia al uso periodístico que se hicieron de todas las imágenes de crímenes, delincuentes, pruebas, procedimientos policiales y  forenses, reconstrucciones de asesinatos, etc.

Resumen

El resumen completo del libro puede leerse en el siguiente artículo de la autora: Fotografías de crímenes en la Ciudad de México

Comentarios

Vender y consumir sangre. Un relato de vampiros

En el libro de Lerner, y también en la exposición que organizó sobre estas fotografías, podemos ver estremecedoras imágenes de cadáveres sometidos a prácticas forenses o, simplemente, sobre el suelo esperando su retirada de la escena del crimen; expuestos voluntaria o involuntariamente frente a la cámara. Corresponden a las imágenes judiciales con mayor radicalidad estética y que definen, a su modo, los espacios de violencia social: desde los crímenes pasionales hasta los asesinatos en serie, pasando por los suicidios y homicidios políticos; todas estas fotografías constituyen por sí solas una terrible galería de horrores, pasiones y decadencias. Es, en definitiva, el impacto y el espanto de la modernidad.

Las fotografías, que ahora incluye Lerner en su libro, ya fueron publicadas en su momento en revistas de detectives, policiales, de nota roja y en periódicos más serios. El público se entusiasmaba con los relatos morbosos de los crímenes más populares y la prensa “sacaba tajada” con la publicación de estas fotos, alimentando los apetitos más morbosos. La fotografía de cadáveres desarrolló de esta forma tan cutre o miserable su carrera como mercancía social, eso sí con una rentabilidad alta y un futuro prometedor que le ha mantenido en su status de estrella hasta nuestros días. Años y años de venta de sangre, ha dejado grandes estragos en la reputación de la imagen fotográfica y ha generado numerosas sospechas sobre la integridad de los espectadores, convertidos ya en verdaderos vampiros como consumidores de sangre visual impresa.

Por otro lado, la exhibición en la prensa de fotografías como en las que se mostraba la masa encefálica de Trotsky y otras de su autopsia otorgan un grado de aberración alto al mundo científico, que así queda salpicado con un comportamiento implacable sobre el cuerpo del muerto: sometido a inspección, disección, exhibición y observación hasta la desmesura. En ese contexto, el cadáver y sus vísceras se convirtieron también en mercancías de venta y consumo visual.

Los tipos peligrosos

La fotografía de identificación, que no es otra cosa que las fotografías que se hacen a los delincuentes para su ficha policial, ha sido estudiada en numerosas ocasiones. En esta oportunidad, el escritor estadounidense se acerca a las peculiaridades del caso de la Ciudad de México, donde el número de detenciones y de delitos competía, en un principio, con el número de fugas debido al tipo de edificios donde se encerraban a los presos que muchas veces no eran cárceles propiamente dichas.

Por lo demás, las estrategias de control y la aplicación de las teorías deterministas y racistas de la época que buscaba poder clasificar a los delincuentes en base a su fisonomía o raza, se dieron en México al igual que sucedió en el resto del mundo. Así, algunos científicos intentaron clasificar a los violadores, asesinos, ladrones, etc. en base a ciertos rasgos de su rostro. De tal forma que, según estas teorías, un asesino solía tener un rostro determinado frente a un violador que tendría otro, etc.

La sección de judiciales de Casasola contiene, además, otra serie de fotografías obtenidas en la comisarías en las que puede verse como se fichaba a los delincuentes, tomaban declaración los sospechosos, testigos o denunciantes ante los funcionarios y los momentos previos al encarcelamiento, enjuiciamiento o salida de prisión. Todas estas imágenes confieren un grado de frescura y de espontaneidad, frente a la rigidez de los retratos frontales o de perfil que se hacían a los reclusos y consigue generar una ambientación paradójica en las comisarías y cárceles donde policías, presos, víctimas y delincuentes convivían obligadamente aunque fuera de forma fugaz en ocasiones. Los homosexuales, detenidos sólo por sus tendencias sexuales, estéticamente representan el grado máximo de expresión en estas jefaturas de policía; donde podemos verlos en algunas de las fotografías de Casasola posando frente a la cámara, ofreciendo el mejor estereotipo de sí mismos y del grupo al que pertenecen.

Reconstruir el crimen

Los fotoperiodistas también realizaron fotografías de las reconstrucciones de los crímenes. La reconstrucción del crimen consistía en hacer fotografías de la escena del crimen con actores que ocupaban en el escenario el papel de la víctima y del asesino haciendo todos los gestos y movimientos que presumiblemente tuvieron lugar a juzgar por las pruebas. De esta forma, se juntaban de forma inquietante lo real y la ficción y los actores interpretaban sus papeles en medio del escenario donde las huellas de la sangre, de la violencia y del crimen eran más que evidentes.

La belleza estética de una parte de estas fotografías, algunas de las cuales el investigador estadounidense incluye en su libro, contrasta con la dureza del crimen o delito al que se refieren. Desde estas imágenes podemos contemplar a mujeres pistola en mano apuntando a la víctima, cadáveres en el suelo, robos y suicidios; todo un espacio de simulación cuyo referente último es el crimen o delito que están representando.

Además de la conmovedora plástica que transmiten, llama la atención que no sólo sirvieran para las investigaciones judiciales, sino que también eran publicadas y a falta de las fotografías reales (que en la mayoría de las ocasiones no se tenían, porque no era normal la presencia de un fotógrafo en el momento mismo del crimen), se ofrecía al público las reconstrucciones, en las que el espectador podía imaginar como se habían producido los hechos.

Vanguardia y crimen

Jesse Lerner ha intentado en este libro presentarnos cuáles han sido sus líneas principales de investigación en este cúmulo de imágenes de delitos, donde como él muy bien dice todo se puede resumir con la palabra caos. Sangre, cadáveres, pistolas y navajas por todas partes nos hablan de la dinámica del crimen, pero también de la exhibición del delito y el horror a través de las imágenes. Reales unas, ficticias otras, publicadas en un contexto o en otro constituyen ya parte del imaginario del crimen en la Ciudad de México; terrible escenario de todo tipo de violencias desde hace años y donde muchos de sus habitantes no han tenido ni la más mínima oportunidad y desde que nacen son carne de cañón y flirtean con los bajos fondos y el mundo del crimen.

El contexto periodístico y museístico en los que se han utilizado estas fotografías le ha permitido a Lerner comprobar como las imágenes judiciales no están tan alejadas de los movimientos de vanguardia. A veces, es el propio fotógrafo el que consigue elevar el sensacionalismo a un escenario de trans-vanguardia. En todo caso, el lenguaje de la sangre y de la radicalidad del crimen corresponden siempre con un nivel alto de abyección y, por tanto, plantean debates estéticos trascendentales. Evidentemente, su publicación en los periódicos, revistas de detectives y policiales dotan a estas fotografías de un extra estético que se asienta en el caos, la propaganda, el rito social, la destrucción y la decadencia. Es el impacto y el espanto de la modernidad, en definitiva, donde tendremos que encontrarnos a través de estas imágenes con el sensacionalismo que está del lado de la vanguardia; en su cruce con la fotografía como mercancía del crimen en el escenario de la modernidad.

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Cita

No existe evento o cosa, tanto en la naturaleza viva como en la inanimada, que no tenga, de alguna forma, participación en el lenguaje, ya que está en la naturaleza de todas ellas comunicar su contenido espiritual.

BENJAMIN, Walter, Para una crítica de la violencia y otros ensayos (Iluminaciones IV), Taurus, Madrid, 1991, pág. 59.
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