¡Algo horrible ha entrado en mi vida! Sombríos presentimientos de un destino amenazador se ciernen sobre mí como negras nubes impenetrables al más pequeño y amable rayo del sol.

El hombre de la arena (Hoffmann)

Del relato a la imagen del monstruo

Natanael expresa así el sentimiento tenebroso que ha inundado su vida al comienzo del relato ya mítico de: El hombre de la arena, punto de referencia fundamental para Freud en sus reflexiones sobre lo siniestro. Resulta curioso como Natanael presiente que en cuanto Lotario y Clara conozcan cuáles son los motivos de su desgracia, se reirán, sin ninguna duda. Es más incluso él así lo desea: ¡Reíos, os lo ruego, reíos de mí de todo corazón!.

Cita

«Vio y creyó» (et vidit, et credidit), anota lapidariamente San Juan: creyó porque vio, como más adelante otros creerán por haber tocado, y otros incluso por no haber visto ni tocado.

DIDI-HUBERMAN, Georges, Lo que vemos, lo que nos mira, Manantial, Buenos Aires, 1997, pág. 23.
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