Mesa de ping-pong con estanque
Mesa de ping-pong con estanque
© Propietario

La exposición de Gabriel Orozco (Jalapa, Veracruz, México, 1962) en el Palacio de Cristal del Parque de el Retiro de Madrid constituye el “plato fuerte” de las actividades que los organizadores de ARCO han previsto para mostrar al público español lo más representativo del arte contemporáneo de México, país invitado este año en la feria de arte internacional.

Una vez que ya ha concluido la exposición de las galerías en el recinto ferial madrileño (México ha contado con la presencia de 20 de sus mejores centros especializados en la venta de arte), el programa continúa con la exposición de Gabriel Orozco que permanecerá abierta hasta el próximo 18 de Abril y con las actividades paralelas, entre las que se encuentran el ciclo de videoarte y el de cine mexicano de ciencia ficción.

También está en marcha dentro del programa, la exposición Eco, que recoge las obras más representativas de los últimos quince años del arte contemporáneo mexicano. Tanto la crítica, como los organizadores, se han mostrado sorprendidos por la gran acogida y participación de público con el que está contando este programa cultural de divulgación del arte mexicano.

Esto se debe, principalmente, a las escasas oportunidades que los espectadores madrileños tienen de ver la obra de los artistas mexicanos en museos o salas de exposición públicas, ya que, en la mayoría de las ocasiones, se realizan en galerías privadas.

En este sentido, la última exposición importante de un artista mexicano en Madrid fue la que PhotoEspaña dedicó el año pasado al gran fotógrafo de sucesos Enrique Metinides. Pero, desde eso, ya han pasado muchos meses. De aquí esta expectación a la que se refieren los organizadores y los críticos en general.

Objetos que seducen

Caballos corriendo infinitamente
Caballos corriendo infinitamente
© Propietario

El Palacio de Cristal resulta un escenario muy adecuado para presentar la obra de este artista conceptual, debido a su disposición espacial y a la ambientación que recuerda a la de un invernadero amplio y majestuoso; donde los objetos de Gabriel Orozco ofrecen su mejor aspecto, tanto los que se encuentran en las vitrinas expositoras como las que están en contacto directo con los espectadores.

Es una exposición heterogénea y, hasta cierto punto, retrospectiva, donde el artista expone algunos de sus últimos trabajos y algunos de los primeros que inauguraron su trayectoria como artista conceptual en la década de los noventa, tras dejar aparcado su trabajo como escultor más tradicional.

Gabriel Orozco es un artista muy activo y por eso hablar de retrospectiva es hasta cierto punto no ser muy preciso, ya que en estos momentos sería muy difícil hacer una exposición que definiera el trabajo intenso que ha estado realizando estos últimos años. Básicamente, es un reconstructor de objetos y un creador de conceptos a través de los objetos difíciles que él crea y que seducen al espectador a través de la perplejidad.

Calcetines
Calcetines
© Propietario

En el paso del objeto cotidiano al concepto, la obra realizada por este artista mexicano se convierte en algo extraño (“Mesa de ping- pong con estanque”, “Oval con péndulo”, que no es otra cosa que una mesa de billar circular, por poner algunos ejemplos) y, sin embargo, el paso del concepto al objeto genera una materialidad física que sólo se entiende como creación, pero no como extrañeza, ni como realidad (“El beso del huevo” y “Semilla” son claros ejemplos de esto).

En este último caso, los nombres de los objetos nos resultan familiares y provocan un anclaje por el lenguaje, por nombrar algo conocido, pero cuya imagen normal no es esa que él nos ofrece. Como buen artista conceptual nominaliza, designa y bautiza a sus propias criaturas aunque sean indescifrables para nosotros, de aquí la perplejidad y la seducción a la que me refería antes. De fondo, es una transgresión del lenguaje, del concepto, lo que aquí está en juego.

La huella de la imaginación

Este doble movimiento en la obra de Gabriel Orozco (de lo conocido a lo desconocido y de lo desconocido a lo conocido) desemboca siempre en lo mismo y es que, sea lo que sea lo que nos presenta, ya no es nada definido, es una creación que remite al artista, a la huella de su intervención, de su presencia sobre esos objetos, sobre esos conceptos.

Palacio de Cristal (El Retiro) Madrid
Palacio de Cristal (El Retiro) Madrid
© Marisol Romo Mellid

La presencia de su cuerpo es sólo un hecho transitorio pero que se percibe en todas sus obras, ya que nos propone una metáfora continuada que supone enfrentarnos a sus conceptos, a su propia imaginación que es, en última instancia, la que él pone siempre en juego.

Sus construcciones remiten, por tanto, a esa intersección entre la realidad y la imaginación del artista y, precisamente por eso, nos propone espacios de metáfora, de alegoría y además de fantasía, tras unos objetos inertes, fríos incluso, que son ajenos al espacio de la realidad; aunque en algunas ocasiones surjan de ese mismo sitio como conceptos (un trozo de carbón, unos calcetines…) y en otras, como elementos cotidianos (un balón viejo).

El movimiento y la gravedad son también dos temas muy recurrentes en esta exposición que presenta en Madrid, donde deja una vez más en evidencia que sus objetos más logrados son siempre lo más grandes, los más construidos, los más “intervenidos”, los que más atraen la atención del público y, en consecuencia, también los más provocativos.


Cita

Así, el acto de ver es un acto previo a la acción.

VIRILIO, Paul, La máquina de visión, Cátedra, Madrid, 1989, pág. 79.
Copyright © 2003-2018 Marisol Romo Mellid. Todos los derechos reservados.