Utopías bajo control

Pericles Lavat
Pericles Lavat
“Aquí estubo su padre putos”

“Aquí estubo su padre putos” es el título que Pericles Lavat (México DF, 1954) ha puesto a esta colección de fotografías que ha hecho de una cárcel abandonada de Cuernavaca, Morelos, México. El título está claramente inspirado en la frase que aparece escrita en una de las paredes de la cárcel. Desde esta imagen acompañada de notorias faltas de ortografía, que da titulo y sentido a la serie, el trabajo representa una reflexión sobre la ausencia y la huella de una antigua presencia que remite asimismo de forma directa a la forma en que los reos son también clasificados y colocados en los espacios que marca la legalidad. En un primer momento, resulta interesante acercarse a la historia de esta cárcel abandonada, donde a los presos se les ha trasladado sin previo aviso y sin llevar puesto nada más que la ropa interior, para llevarles a otras instalaciones penitenciarias a las que entran presumiblemente sin ningún tipo de drogas.

El objetivo principal, por tanto, de este abandono precipitado es evitar la presencia de drogas en la cárcel. Evidentemente, este deseo es un poco utópico y representa una huida de la realidad a través de puestas en escena de actos abocados al fracaso por el propio funcionamiento corrupto de los funcionarios de las instalaciones carcelarias. De esta forma, lo que sí que se va a conseguir de forma segura es que el preso renuncie a sus cosas, a esos pequeños objetos que son los elementos cotidianos que van dando sentido a la vida del individuo y que estaban junto a ellos en los angostos habitáculos en los que son confinados habitualmente. Anunciando de esta manera el camino de la despersonalización que lleva implícito el ambiente carcelario siempre presidido por un orden premeditado. El peso de la ley cae así sobre los reos también desde esta huida de la realidad. Es decir, la evasión que es siempre el sueño utópico de todo preso se realiza de forma oficial, con la salvedad de que se les instala en una nueva cárcel exactamente igual que la anterior con sus diferentes dependencias, funcionamientos viciados y sistemas de clasificación; de tal forma que el escenario de la realidad continua siendo una quimera porque aún permanecen en esa frontera contundente que les separa de la sociedad.

Pericles Lavat
Pericles Lavat
“Aquí estubo su padre putos”

Cae, por tanto, la segunda utopía. Al no hay cambio en las cárceles, se le une el no hay cambio en nuestra condición de sujetos encerrados en habitáculos perfectamente medidos y divididos. Y en medio de todo este fracaso surgen los graffitis de la cárcel de Cuernavaca que nos devuelven a la pesadilla de la realidad de los presos pero que permiten ciertos niveles de reflexión: “Aquí estubo su padre putos”, “Aquí estubo la verga”. Con estas frases escritas de forma descuidada sobre las paredes y con un lenguaje (argot en este caso) claramente “barriobajero” o soez (grosero si se quiere), las huellas de los presos permanecen vivas y dan cuenta de sus experiencias radicales mientras vivieron en esa cárcel. Oraciones gramaticales que son un toque de atención en medio de unas imágenes que hablan del abandono. Camas vacías, enseres e instalaciones comparten el sentido de esas frases que ahora ya sólo rememoran un pasado.

Del “Se busca” al “Aquí estubo tu padre putos”

En medio, por tanto, de unas fotografías desoladoras donde reina la quietud más absoluta, se van descubriendo las huellas de sus antiguos moradores y, a las frases de autores anónimos que ahora reciben los observadores de forma directa y contundente por su propia rotundidad, se van sumando los objetos que parecen de uso personal con otros de utilización común para todos los presos. De esta forma, de las 21 imágenes de grandes dimensiones que componen la colección “Aquí estubo su padre putos” todas son del interior de la cárcel y en ellas el fotógrafo ha combinado el uso esteticista del color con los escenarios documentales de la prisión abandonada de Cuernavaca. Es por eso que el colorismo empleado en esta ocasión por Pericles Lavat ofrece cierto contrapunto al estado decrepito, ruinoso y descuidado de las instalaciones. Un color que le va a servir, en ocasiones, para contraponer los objetos presentes con los que están ausentes, empezando por los propios presos que ya sólo están evocados desde unas fotografías que aún a través del contraste rememoran otros momentos de bullicio, peleas, conversaciones, etc. A esas ausencias –decíamos– se les van a unir otras más, representadas en este caso determinado en las carencias a las que se somete a los presos desde unas instalaciones que no siempre les ofrecen las cosas más necesarias.

Pericles Lavat
Pericles Lavat
“Aquí estubo su padre putos”

La combinación entre la ausencia manifiesta de personas en la prisión y la presencia de las huellas de su estancia forman las dos caras de una misma moneda: del delito que debe ser castigado con la privación de libertad. Y es, por consiguiente, otro tema que abordan estas fotografías: la condena que debe cumplir el prisionero dependiendo del tipo de delito que hayan cometido. Con este mecanismo tan sutil se pasa inevitablemente de las huellas de una ausencia a hacerse manifiesto el control social sobre el reo como el que está al margen de lo social y debe ser por ello controlado y recluido: estamos definitivamente ante la rememoración del cuerpo “atrapado” por las instituciones policiales –bien en un “in fraganti” o en un caso acumulativo de pruebas que le definen como culpable que debe estar “x” años en prisión para redimir sus culpas–, pasando a ser un rehén de la estructura social misma que así le define como ser monstruoso e infractor.

Al hilo de estas consideraciones, se podría recordar –para contraponer la información con la ausencia total de prisioneros en este trabajo fotográfico de Pericles Lavat– la costumbre que desde el inicio mismo de la fotografía se ha tenido de fotografiar a los presos. Para ilustrar un poco el tema, basta recordar que, por ejemplo, ya hacia 1870 tanto en Europa como en América, la fotografía se estaba convirtiendo en un instrumento para luchar contra el crimen. Los libros de historia de la fotografía refieren en concreto el caso de las autoridades suizas que llegaron incluso a disponer que se fotografiara a todos los vagabundos, poniendo como excusa que más tarde o más temprano se sentirían atraídos por el crimen y acabarían delinquiendo. En Francia, por ejemplo, se desarrolló el primer método para registrar de manera rigurosa y precisa la identidad de un criminal, es lo que se considera el antecedente de la moderna ficha policial de identidad y fue ideado por Alphonse Bertillon, jefe de investigación criminal de la policía parisina. La ficha estaba formada por dos fotografías del delincuente: una de perfil y otra frontal, acompañadas de medidas de la cabeza, los dedos de la mano izquierda, el antebrazo izquierdo y el pie izquierdo, así como de la altura del cuerpo. Bertillon cuidó al máximo la iluminación, distancia focal, encuadres, etc., para fotografiar a los delincuentes de la forma más adecuada.

Pericles Lavat
Pericles Lavat
“Aquí estubo su padre putos”

Por eso, es posible decir que el control fotográfico sobre los presos puede ser un tema alegórico en la serie “Aquí estubo su padre putos”, si el espectador es conocedor de todos estos sistemas de control y medida que se realizaban a los presos desde la fotografía y que aún se practican en la actualidad; junto con el sistema de retratos robots en los casos en que los delincuentes todavía no han sido atrapados y son así “cuerpos a capturar” que se muestran en los carteles de la comisarías con la leyenda (o derivados): “Se busca” (el Wanted tan utilizado en las películas del oeste). De fondo, lo que subyace es el trayecto simbólico y estético que tiene lugar desde la escritura ordenada y oficial del “Se Busca” al graffiti mal hecho de: “Aquí estubo su padre putos”. Un trayecto que abarca los diferentes acontecimientos y procedimientos que se utilizan para capturar y “domesticar” finalmente al reo que emplea la tiza mientras está recluido para definirse como el que estuvo allí (el que un día delinquió, o al que se buscaba, o al que se le ha “cargado el muerto” como se dice coloquialmente). Y un recorrido que atraviesa la gestación del acto creativo apartando el texto oficial e inquisitorial del “Se Busca” para descubrir el pensamiento escrito sobre la pared al ritmo agobiante del encierro. Es el grito de socorro como acto creativo a la espera de ser reconocido como tal, al haber nacido en un escenario radical donde el hombre queda reducido a escoria minuto a minuto (indignos para vivir en sociedad, lo serán inevitablemente también como artistas de graffiti carcelario).

Cae la tercera utopía: el paraíso en el infierno

Pericles Lavat
Pericles Lavat
“Aquí estubo su padre putos”

Al igual que también pueden interpretarse como elementos estéticos alegóricos las pintadas y pósteres que algunos presos realizaban y colocaban respectivamente en las habitaciones de sus celdas en esta cárcel mexicana de Morelos; donde también hay espacio para una iconografía religiosa (de creencias). Pericles Lavat ha prestado especial atención a estos restos cuasi-artísticos y contestatarios que han dejado los presos y que junto, a los graffitis tan presentes en esta prisión, conforman una arqueología de las expresiones artísticas de sus presos mezcladas –en una hibridación evidente como se ve claramente en las imágenes– con los deseos sexuales de sus habitantes, puestos en evidencia desde la iconografía pornográfica que se exhibe en esta prisión desde los calendarios y carteles abandonados ya en sus paredes y que, por tanto, no son más que huellas del apetito sexual y de la forma en que éste se manifiesta en cautividad.

Pericles Lavat
Pericles Lavat
“Aquí estubo su padre putos”

Tal vez lo más importante de estas expresiones estéticas de los presos, entendidas en su generalidad, sea que se manifiestan en las esferas de cautividad, donde la muestra artística siempre es necesariamente desesperada y escatológica; de ahí precisamente las frases macarriles y las imágenes voyeurísticas. Pero, a pesar de que la tercera utopía ha caído también: la posibilidad de que crear un paraíso en el infierno de la cárcel (junto con la posibilidad de que la cárcel cambie y de que el preso pueda evadirse físicamente. Las otras dos utopías que se han rendido también en este recorrido por una prisión abandonada), todavía es posible ver en sus paredes un paisaje idílico y de gran inocencia que contrasta con el resto de las ilustraciones que se encuentran en sus paredes y en el que el fotógrafo también ha querido pararse para crear un espacio de respiro entre unas imágenes que contienen una dureza especial.

De lo que se deduce que el recorrido que propone la colección. “Aquí estubo su padre putos” es de cierta catarsis necesariamente inconclusa porque, por una parte, se deja sentir la dureza del espacio carcelario y porque, por otra, ponen igualmente en evidencia acciones inconclusas: platos sucios, ropas colgadas, enseres personales desperdigados por los cuartos de baño, etc.; y de esta manera la interacción con las imágenes parece no tener un fin concreto puesto que allí nada parece haber terminado definitivamente. Y, frente al alboroto y al deterioro progresivo de las instalaciones y sus equipamientos, el enfrentamiento con cierta desazón es inevitable.

La repetición y la escatología del dolor

Bajo el peso de la ley
Fotograma del filme de Jim Jarmush Bajo el
peso de la ley
, con la ventana dibujada en la
pared de la celda. El encierro y el lenguaje
sirven de reflexión en esta escena.

Resumiendo, hasta el momento se ha podido comprender en qué medida las fotografías de Pericles Lavat ayudan a reflexionar sobre cuestiones importantes desde el punto de vista estético, como son: el concepto mismo de utopía, de catarsis, de creencias y de expresiones artísticas. Asuntos todos ellos a los que las imágenes de “Aquí estubo su padre putos” nos aproximan indudablemente desde un escenario no sólo marginal como lo es siempre el de una prisión sino también desde las mismas texturas del dolor. En este contexto, no resulta difícil comprender lo terrible que puede ser para un hombre estar encerrado entre cuatro paredes y obligarle en un determinado momento a irse de un sitio en el que ya se había instalado y tener que salir huyendo de forma oficial para volver a encontrarse con el mismo escenario (el traslado de una cárcel corrupta a otra igual de corrompida seguramente). En esta tesitura, también resulta fácil acordarse de esa escena fundamental de la película Bajo el peso de la ley, en la que los tres presos consiguen huir de la cárcel (una huida elíptica, como lo es en esta colección fotográfica donde sólo se asiste a los restos) y encuentran una casa en la que la habitación es igual que la que compartían en la cárcel: con cuatro literas y una ventana de verdad y no como la pintada que tenían en la prisión. De esta forma, los personajes parecen estar en un círculo vicioso del que no pueden salir.

Bajo el peso de la ley
Fotograma del filme de Jim Jarmush Bajo el
peso de la ley
. Los presos en la casa vacía
que han encontrado tras su huida de la
cárcel. La habitación es una copia de la
que tenían en prisión. La ventana
en este caso es ya real.

Círculo vicioso, que si en Jim Jarmush marca la forma en que la huida física de la cárcel no va a permitir a esos hombres integrarse en la sociedad y que se van a ver obligados a refugiarse en lugares parecidos a los de la prisión, como metáfora de que las cosas no parecen haber cambiado mucho y –lógicamente– que la fuga ha sido realmente simbólica y que tampoco han conseguido consumar ninguna utopía. Todo queda pendiente en ese círculo vicioso. Espiral repetitiva simbólica que en el caso de Pericles Lavat se descubre a través de la desolación y del dolor que inunda esos espacios patéticos de la prisión abandonada. En otros términos, la cárcel vacía es ya para siempre el escenario de una repetición terrible que tiene que ver con los ángeles caídos (el Paraíso perdido de Milton) que se amontonan en las prisiones al ritmo del delito. Expulsados del aparente y falso paraíso de la sociedad son sumergidos en las catacumbas del infierno en medio de colchones rotos, paredes desgastadas y llenas de suciedad; entre retretes, duchas y lavabos amenazantes. Y entre caídas de utopías y fracasos en los caminos de la catarsis. Y clasificados definitivamente y para siempre bajo el peso de la ley.

Del póster a Guanajuato. El porvenir de una ilusión

Pericles Lavat
Pericles Lavat
“Aquí estubo su padre putos”

Desde otra perspectiva y atendiendo de nuevo a los aspectos estilísticos puestos en práctica por Percicles Lavat en esta colección fotográfica, cabe señalar el ritmo del encuadre y del color –ya mencionado con anterioridad en su relación directa con la expresión final de las obras– y que son interesantes para poder entender como se pueden combinar todos estos planteamientos estéticos y por ende filosóficos que aquí están de alguna forma puestos a debate con el hacer del artista. Un fotógrafo que, en este caso, se ha enfrentado con un espacio carcelario abandonado donde se perciben las huellas de sus habitantes y que ha apostado por un juego claustrofóbico al no ofrecernos al espectador ninguna imagen del exterior de la cárcel. De esta manera, el acercamiento a esas huellas es más directo y más angustiante. Así, inevitablemente enfoca más de cerca los rastros de las acciones humanas, también susceptibles de catalogación y de medida al mismo tiempo que nos acerca al componente humano ausente en este caso pero que clama nuestra atención.

Esto que puede definirse como un juego o un recurso estético que consigue crear el enfrentamiento directo entre el observador y el reo ausente, es uno de los méritos de la serie “Aquí estubo su padre putos”. Para conseguir este diálogo entre espectador y preso ha utilizado dos tipos de encuadres distintos: unos más descriptivos y otros de índole más narrativa para intentar que se puedan llegar a presentir las acciones de los presos desde las diferentes estancias. Lugares, en definitiva, en los que se instalaron, vivieron, se emocionaron y dejaron constancia de sus preferencias, gustos y creencias. Todo este escaparate de historia pasada que se mezcla con el eco del sufrimiento, de la injusticia incluso y de los debates trascendentales que están en juego para el hombre contemporáneo en escenarios duros como los de la prisión.

Pericles Lavat
Pericles Lavat
“Aquí estubo su padre putos”

Vida carcelaria continuamente recreada desde la literatura y desde el cine, aunque en pocas ocasiones ha podido verse un trabajo fotográfico de estas características donde el artista ha intentado encontrar “psicofonías visuales”: atrapar las imágenes invisibles de los fantasmas que un día la habitaron. Y todos ellos, todos sus antiguos reos, están unidos a las imágenes de forma inevitable. Se crea de esta forma tan especial un cordón umbilical –tema escasamente tratado por los artistas– que consigue, en estas fotografías, unir al hombre con la propia esencia de su igual desde la textura misma del dolor a la que nos referíamos antes. Una unión, esta sí de revelación inciática que sin embargo no redime absolutamente nada. Recordemos que tres utopías fundamentales han caído y que la catarsis está continuamente obstaculizada –no como defecto estético sino como proceder equivocado del hombre y de las normas con las que margina a los suyos.

Esta idea del cordón umbilical como hipótesis de interpretación en el proceso de recepción por parte del observador en la obra de arte, sí ha sido abordada en algunas películas aunque no conceptualiza de forma directa. En concreto, Cadena perpetua de Frank Darabont, escenifica una unión radical entre el póster de la famosa de turno que el preso colocaba en su celda con la realización de la utopía de huir. Detrás del póster ocultaba el túnel por el que un día se escaparía definitivamente de la cárcel para llegar a Guanajuato a emprender una nueva vida. El cordón umbilical simbólico le sirve para alejarse de la corrupción de los funcionarios de la prisión, para iniciar su vida en un paraíso terrenal y para dar un sentido diferente al cartel femenino de la pared que trasciende el voyeurismo para acercarse a la pureza de buscar la utopía y encontrarse de frente con ella. La imagen, en este caso, le lleva al protagonista del filme al acto al tiempo que le sirve para encubrir todo su plan de escapada. En “Aquí estubo su padre putos” todo está pendiente porque las cosas parecen haber quedado a medias y todo es posible si miramos de cerca sus fotografías. Y, sin embargo, todo ha pasado ya. También lo peor.


Libro recomendado

Cuando las imágenes toman posición - Georges Didi-Huberman

Cuando las imágenes toman posición - Georges Didi-Huberman
  • Título: Cuando las imágenes toman posición
  • Autor: Georges Didi-Huberman
  • Editorial: A. Machado Libros
  • Lugar: Madrid
  • Año: 2008
  • Páginas: 323
  • ISBN: 978-84-7774-823-6

Tema

El libro, Premio Internacional de Ensayo 2008 Círculo de Bellas Artes, ofrece un conjunto de reflexiones en torno a las imágenes de guerra, vistas a través de los montajes realizados por Bertolt Brecht en su Diario de trabajo, Arbeitsjournal, y en su libro: El ABC o Abecedario de la guerra, kriegsfibel (una especie de atlas fotográfico de la guerra a decir de Didi-Huberman). Estas selecciones fotográficas de Brecht, muchas veces acompañadas por texto periodístico y/o literario, han permitido a Didi-Huberman conceptualizar la distinción entre la toma de partido y la toma de posición.

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Cita

Así, el acto de ver es un acto previo a la acción.

VIRILIO, Paul, La máquina de visión, Cátedra, Madrid, 1989, pág. 79.
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