Cuerpos deseables y objetos tentadores se pasean todos los días ante nuestra mirada desde infinidad de imágenes, pero: ¿sabemos realmente como logran seducirnos? La capacidad de sugestión es una cualidad propia de la imagen y tiene que ver con la forma en la que se pone en juego el deseo.

Desear y mirar

Foto de Jeremy Scott
Jeremy Scott
“Défilé Body Modification”
, 1996.
© Jeremy Scott

El deseo1, en su relación con la fotografía, puede considerarse como la emoción que siente el observador ante la visión de personas, cosas y situaciones con las que se identifica de alguna manera y de las que digamos necesita apropiarse, una vez que ya las ha hecho suyas desde la visión. Porque mirar es desear lo que se nos muestra desde la distancia. Y es en el alejamiento donde se pone en marcha el capricho de la pasión de las imágenes.

Las fotografías publicitarias son las que más se aprovechan de esta circunstancia para conseguir hechizarnos con los mensajes tentadores que nos permiten imaginar que todo aquello que vemos puede efectivamente estar a nuestro alcance. Sería algo así como hacer cumplir la máxima de que lo que el ojo puede mirar, la mano puede alcanzar.

Los cuerpos deseables de la publicidad son imágenes evanescentes que muestran la figura humana en su máxima plenitud de belleza y de look. Cuerpos esbeltos y atractivos, que siguen unas estrictas normas estéticas impuestas desde los cánones de moda, son exhibidos de forma insistente para recordarnos que somos imperfectos. De esta forma, se genera una insatisfacción hacia el propio cuerpo de la que saca provecho la sociedad de consumo y cuyo objetivo principal es conseguir un consumidor esclavo que desee para sí todas las imágenes que se le venden, a la par que se le “meten por los ojos” los productos.

Foto de Daniele Buetti
Daniele Buetti
Looking for Love”, 1997.

Es precisamente por eso que las imágenes publicitarias están siempre muy codificadas, es decir, todo en ellas está medido al milímetro para conseguir el efecto que se quiere en cada caso (personajes, composición y slogan son elementos siempre muy controlados). El objetivo es tratar de manejar el deseo del espectador que resulta así manipulado, pero que ofrece en el mercado (como resultado) respuestas muy definidas y rentables. Se le incita a desear determinadas personas, cosas, modelos estéticos, formas de vida y de pensar.

Los estragos que este manejo del deseo causa en la población, especialmente la femenina con continuos casos de anorexia y bulimia, es más que evidente. En el caso de la mujer, los efectos de la publicidad se imprimen en la propia carne y se constituye ya como la forma moderna de destruir su cuerpo. Desde esta perspectiva, la fotografía de Jeremy Scott y la de Daniele Buetti aquí recogidas parodian los modelos estéticos que esclavizan a la mujer y establecen así una crítica interesante hacia la moda y los roles sexuales que marca.

Para autores como Maisonneuve y Bruchon-Schweitzer hoy se observa una sobrecatexia de la apariencia, a la que se dedican recursos y tiempo considerables, sin contar prácticas que implican evidentes privaciones y sufrimientos. Todos estos esfuerzos tienden a lograr una metamorfosis del aspecto físico a fin de presentar y 'poner en escena' un cuerpo muy diferente de nuestro cuerpo original, natural.2

h2Ftografías eróticas: enseñar o no enseñar

Foto de Helmut Newton
Helmut Newton
Jodie Foster, Hollywood, 1987
© Helmut Newton

Al margen de la publicidad, la fotografía coquetea con el deseo desde diferentes géneros, entre los que se encuentra el erótico. El erotismo se puede entender como la capacidad de una imagen por seducir sin llegar a ser vulgar o burda a la hora de poner en juego sus armas seductoras. Generalmente, son imágenes de cuerpos desnudos o semidesnudos donde el juego es establecer cuáles son los límites para no llegar a lo pornográfico.3

Porque en las que se conocen como imágenes pornográficas, los cuerpos son simplemente objetos de excitación sexual. Ahora bien, en el arte contemporáneo se está flirteando con este tipo de imágenes pero siempre desde perspectivas sadomasoquistas o que intentan desmantelar el poder del cuerpo sexualizado. Y hay que entenderlas siempre como lo que son: espacios de experimentación estética.

Es decir, la frontera entre lo erótico y lo pornográfico, sobre la que tanto se ha escrito, se basa en la sublimación del sexo4 (en buscar sus enfoques más exquisitos). Y toda fotografía que desde el erotismo sea capaz de traspasar los límites de lo sexual y plantear nuevos retos estéticos o nuevas reflexiones se podrá mantener al margen de lo estrictamente pornográfico. Es una tarea compleja y fotógrafos como Helmut Newton5 de gran prestigio y calidad demostrada, por ejemplo, se mueve en ocasiones peligrosamente en esa frontera; en otras obras, por contra, su mirada se torna más estética y menos sexualizada.

Foto de Nobuyoshi Araki
Nobuyoshi Araki
Sin título, de Photomaniac Diary, 2000.
© Nobuyoshi Araki

Las fotografías eróticas plantean otro tipo de problema que tiene que ver con el tratamiento que normalmente se hace de la mujer como objeto de deseo. Es decir, se tratará de dar un paso adelante y perfilar un nuevo status en el que aparezca como cuerpo seductor (dominador, en todo caso), pero nunca como simple objeto como se hace en la publicidad y en la pornografía.

Resumiendo, tanto el evitar aproximarse a lo pornográfico como el de superar cierta fetichización sobre la figura femenina, son dos tareas pendientes en numerosos fotógrafos que trabajan con el desnudo. El objetivo principal consistiría en trazar un nuevo espacio artístico para que el cuerpo de la mujer se muestre en toda su plenitud, sin arrastrarla a representaciones de objeto de deseo mercantilizado por los mass media o por los ambientes artísticos en los que lo más importante es ofrecer "carnaza", sin preocuparse de las consecuencias nefastas que esto conlleva.

Foto de Joel Peter Witkin
Joel-Peter Witkin
Mexican Pin-up, 1975
© Joel-Peter Witkin

Sólo hay que mirar, lo que ha pasado con la mujer en los últimos años de supuesta liberación en los que se la hecho esclava de su condición de objeto sexual y se la ha denigrado como persona con continuas violaciones a sus derechos. Privada de su sexualidad (ablaciones), se la continúa maltratando y asesinando impunemente desde la violencia domestica y desde la irresponsabilidad con la que la justicia se enfrenta a violaciones y crímenes (los de Ciudad Juárez, sin ir más lejos, constituyen todo un paradigma internacional de la violencia contra la mujer pobre).

Al hilo de estas consideraciones, trabajos como los de Joel Peter Witkin y Nobuyoshi Araki plantean nuevos modelos femeninos a través de una estética sadomasoquista6, apoyados en un discurso crítico. En “Mexican Pin-Up”, el cuerpo es el vehículo liberador para llegar a una imagen diferente de la mujer en la que su feminidad, su maternidad y su sexo tomen la medida adecuada. Para lo cual, primero tendrá que liberarse del inmenso dolor que supone ver sacrificado su cuerpo a un espectáculo obsceno de lo social, en el que la carne femenina es arrastrada hacia el voyeurismo, atacada desde el simbolismo de las agujas, etc.

Lo que Witkin traza en esta fotografía es una jugada importante en tanto en cuanto plantea la necesidad de reconstruir el cuerpo fotográfico de la mujer a través de imágenes que hablen no sólo de la forma en que se ha atacado, sino de los nuevos modelos que puedan surgir que respeten su integridad como persona. El cambio inevitablemente tendrá que venir desde una revolución total que afecte al mundo del arte, de la estética, de la política y de la representación.

Para ello escenifica en la fotografía todos los patrones que “asfixian” a la mujer, según opina Sebe Ugarte: Mexican Pin-up (…) pertenece a ese acontecimiento en que la carne es sometida a los rigores del arte, de la estética, de la política y por supuesto, de la representación occidental. El cuerpo es expuesto dentro de los parámetros al uso de la representación patriarcal y masculinizada: excesiva frontalidad, elipsis de la identidad, violabilidad de la carne.7

Deseo y provocación: mirar o ser mirado

Por otro lado y centrándonos nuevamente en los espacios de seducción, el deseo está siempre unido a la provocación, que puede ser de muchos tipos. Lo provocativo es siempre expresión de dominio sobre el observador que, sin quererlo, se deja arrastrar por el poder de las imágenes. La provocación incita a la acción (en publicidad) y a la contemplación estética en el caso de los cuerpos eróticos. En el género pornográfico, la provocación se realiza desde un cuerpo hecho objeto y se considera por ello una absoluta banalización del sexo.

Lo provocativo, por tanto, no pertenece al mundo de la pornografía sino al de la imagen en sentido general. Y, desde este punto de vista, hay que decir que es fruto de la interacción de dos deseos: el propuesto por la imagen y el proyectado por el espectador. En otros términos, es un cruce claro entre el voyerismo y el exhibicionismo.

Mirar o ser mirado es en último término lo que se esconde tras la trayectoria del deseo. Es decir, uno mira en tanto en cuanto desea ser también mirado y, por tanto, reconocido como cuerpo que puede seducir. La provocación establece a su manera un puente entre estas dos acciones. Sólo cuando el cuerpo deviene objeto (con la publicidad y con la pornografía) se rompe esta especie de magia del éxtasis del deseo.

Notas

1 Véase GONZÁLEZ REQUENA, Jesús y ORTIZ DE ZÁRATE, Amaya, El espot publicitario: las metamorfosis del deseo, Cátedra, Madrid, 1995.

2 MAISONNEUVE, Jean y BOUCHON-SCHWEITZER, Marilou, Modelos del cuerpo y psicología estética, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1984, pág. 76.

3 Conviene no confundir el término pornográfico (referido exclusivamente a la representación del sexo), con lo obsceno que es un concepto estético mucho más amplio y que remite al exceso en todo tipo de representaciones (especialmente a sus situaciones límites).

4 Véase BAQUE, Dominique, Mauvais genre(s). Érotisme, pornographie, art contemporain, Editions du Regard, París, 2002.

5 Véase CANGA, Manuel, “Helmut Newton, Fotografía y erotismo”, Revista Trama & Fondo, nº 11, Madrid.

6 Véase ROMO MELLID, Marisol, “El cuerpo del deseo y la mirada”, publicado en Antecámara. En este artículo se analiza el cruce del deseo con lo siniestro.

7 UGARTE, Seber, “Oh Madonna! Del dolor y la vulnerabilidad, Mexican Pin-up” en Cartografías del cuerpo. La dimensión corporal en el arte contemporáneo , Varios Autores, Cendeac, Murcia, 2004.


Cita

Toda la artimaña, el juego de manos de la dialéctica clásica en torno a la percepción, es posible porque opera con la visión geometral, es decir, la visión situada en un espacio que no es, en su esencia, lo visual.

LACAN, Jacques, El seminario de Jacques Lacan. Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidos, Buenos Aires, 1991.
Copyright © 2003-2019 Marisol Romo Mellid. Todos los derechos reservados.