Pistola 2, 1955. Nueva York. William Klein
William Klein
Nueva York
Pistola 2, 1955

Los organizadores del certamen PhotoEspaña han concedido esta edición el máximo galardón del festival al estadounidense William Klein, que ha presentado una amplia representación de su obra en la exposición: Las ciudades de William Klein en el Centro Cultural Conde Duque.

La muestra ha sido todo un éxito. La prueba está en que la sala ha estado en muchos momentos abarrotada de público. Los comentarios más oídos han sido que era la mejor de todas las que ha habido en el Conde Duque, donde han tenido lugar además otras dos exhibiciones importantes de PhotoEspaña: Empirismos (Nuevos lenguajes documentales en España y Portugal) y Mass Observation.

Realmente la exposición del trabajo de W. Klein ha sido un auténtico espectáculo visual, a lo que ha contribuido sin duda el gran tamaño de las imágenes que se han mostrado y que consiguen impactar e impresionar al espectador, que ha tenido la oportunidad de mirar y a analizar todos los detalles de las ciudades del mundo que el artista ha fotografiado durante toda su vida.

El formato era el de una retrospectiva (con la temática de la ciudad) que ha incluido desde sus primeras fotografías hasta las últimas que ha realizado ya en color, aunque sigue manteniendo las dimensiones grandes con que empezó en sus primeros trabajos. También han podido verse algunas imágenes inéditas que el fotógrafo realizó en un viaje a Madrid en la década de los 50 y que no aportan nada significativo al conjunto de su obra, pero que resultan hasta cierto punto curiosas.

La fotografía documental como vanguardia

No cabe duda de que William Klein es un peso pesado de la fotografía americana, especialmente si tenemos en cuenta que fue uno de los pioneros ilustres de la fotografía documental. En los años anteriores a la Primera Guerra mundial, las posibilidades documentales de la fotografía habían comenzado ya a explorarse, con trabajos significativos como el del fotógrafo estadounidense Lewis Wickes Hine, que registró la llegada masiva de inmigrantes a su país y les fotografió en sus trabajos y en sus viviendas insalubres. Las fotografías fueron publicadas bajo la denominación de documentos humanos.

Cuatro cabezas, 1954. Nueva York. William Klein
William Klein
Nueva York
Cuatro cabezas, 1954

En Estados Unidos se publicaron varios libros con pretensiones documentales, entre los que se encuentran, además de los que ya se han señalado anteriormente, los trabajos de Margaret Bourke-White y Berenice Abbot. Este tipo de fotografía de interés humano, que conjugaba dignidad y sufrimiento, culminó con la exposición The family of Man en 1955, organizada por el fotógrafo Edward Steichen y el Museo de Arte de Nueva York.

A partir de esta exposición, surgieron en Estados Unidos lo que podrían denominarse dos líneas documentales diferentes: una con una visión más optimista en la que podría encuadrarse al propio W. Klein y otra más pesimista en la que se incluiría a fotógrafos como Robert Frank. Sin embargo, las dos corrientes coincidían en ofrecer una imagen alternativa de la ciudad, fuera de los estereotipos y de los convencionalismos y, desde esa perspectiva, representaron todo un movimiento de vanguardia para la fotografía mundial y una ruptura con la tradición documentalista anterior.

William Klein publicó en 1956 New York is Good & Good for You y fue todo un impacto porque ofrecía un estilo personal con el que intentaba tamizar una crítica social al sistema, a través de unas imágenes arrebatadas a la pesadilla de la ciudad y en las que el ritmo era una de sus constantes más significativas.

Robert Frank, por su parte, retrató en su libro The Americans (1958/9), la otra imagen de América, una respuesta a la imagen del país difundida especialmente a través de la publicidad. En síntesis, el trabajo de Robert Frank es profundamente melancólico (algo que no ocurre con William Klein), y su encuadre “confuso” remite directamente a una mezcla deliberada de orden y desorden.

Al hilo de estas consideraciones, habría sido interesante poder confrontar la obra de estos dos fotógrafos en el certamen de PhotoEspaña, precisamente por haber sido dos artistas decisivos, no sólo por su contribución al avance de la fotografía documental sino también por su aportación al propio lenguaje fotográfico. En el caso de Robert Frank (con más influencia de la fotografía de sucesos), la ciudad suele aparecer de forma elíptica, es decir, ausente visualmente pero evocada desde los espacios y los cuerpos de sus fotografías con juegos metonímicos y metafóricos.

La armonía del caos

Las fotografías de W. Klein también remiten de forma directa al caos: al ritmo de la ciudad y de todos los personajes que se mueven por ella de forma frenética. Aquí y allá, todo conduce a una acción desenfrenada y, desde esa perspectiva, son trozos de película arrancados a una acción imposible de parar.

Sus imágenes llevan inexorablemente al movimiento y a la acción y, sobre todo, a la forma en la que las personas tratan de desenvolverse en un ambiente inmenso del que parecen ser sólo una pequeña parte pero sin embargo fundamental, ya que sin su presencia la propia ciudad no tendría sentido ni composición fotográfica que mereciera la pena arrancarse.

En alguna medida, con estas fotografías anticipa cierta tendencia personal hacia la imagen en movimiento. Se recordará que W. Klein ha trabajado también como realizador cinematográfico. Precisamente algunos de sus trabajos han sido proyectados en el cine Doré durante estos días que se ha celebrado el certamen de PhotoEspaña y el público ha tenido la oportunidad de acceder así a esta faceta de su labor artística.

Se ha dicho de él que ha utilizado siempre mucho humor negro y ciertas dosis de sarcasmo que ha sabido combinar con mucho sentido crítico y, en alguna medida, esto se percibe en las fotografías que ha hecho a las ciudades del mundo; al igual que también se notan sus experiencias con las vanguardias artísticas de principios del siglo XX, al dejar traslucir cierta visión surrealista de la ciudad, donde el paraíso y el infierno conviven juntos en escenarios de movimiento que llevan su propio ritmo.

Al terminar de ver la exposición, y después de haber observado como los visitantes tratan de reconocer en las fotografías de William Klein cierto espacio de la realidad pasada, una no puede dejar de plantearse si realmente son tan distintas esas ciudades y sus habitantes o, en el fondo, vayamos donde vayamos, todos formamos parte de la misma pesadilla (de la misma historia).

Bikini, 1959. Moscú. William Klein
William Klein
Moscú
Bikini, 1959

Parque Gorki, 1959. Moscú. William Klein
William Klein
Moscú
Parque Gorki, 1959


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Cita

Mi obra siempre va unos pasos por delante de lo que digo sobre ella. Sólo soy un medio para llegar al fin: en ese momento, no puedo decir por qué fotografío una cosa de un determinado modo y ni siquiera por qué la fotografío.

WESTON, Edward, Edward Weston, Taschen, Köln, 2001, pág. 25.
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