Artículo elaborado para su publicación en la revista Trama&Fondo

PHE03. - Exposición: La redención del horror (Círculo de Bellas Artes del 7 de Junio al 5 de Julio de 2003)

Man with a dog, 2003. Joel Peter Witkin
Joel Peter Witkin
Man with a dog, 2003
© Baudoin Lebon

La edición de PhotoEspaña nos ofrece, entre otras interesantes muestras, la del norteamericano Joel-Peter Witkin1 que realizó una clase magistral en el Círculo de Bellas Artes ante un auditórium repleto de incondicionales del fotógrafo. Aunque lejos de la contundente imagen que paseó por el Centro de Arte Reina Sofía en 1988, el artista ha ganado un aspecto de hombre maduro, elegante y cercano a la filosofía cristiana que dice practicar desde siempre.

Se le presenta como uno de los artistas contemporáneos más importantes de las últimas décadas y entre aplausos coge el micrófono para dirigir la proyección de diapositivas que ha preparado sobre su obra. Sus primeras exposiciones importantes comienzan ya en 1980 y es por eso un fotógrafo trascendental para entender la transición entre el modernismo y el postmodernismo. En esos momentos previos al inicio de la conferencia, uno no puede dejar de pensar que desde algunos sectores se le ha acusado de ser un sensacionalista y de hacer fotografías “asquerosas”; pero a los que estamos allí seguramente sólo nos interesa saber como consigue aproximarse a lo sublime, a las ideas inalcanzables, con temas tan duros.

Insiste continuamente –intenta justificarse por hacer lo que hace y de paso tranquilizarnos a los que estamos allí– en que en sus imágenes buscan ofrecer una “visión moral y sagrada” y que no pretende perturbar sino más bien crear una emoción en el espectador. Se preocupa además de aclarar que es muy responsable y respetuoso con los muertos que manipula para la realización de las fotografías y que, generalmente, se tratan de cuerpos que no reclama nadie. Explica esto porque muchos de los personajes retratados en sus obras son cadáveres enteros o segmentados (en forma de bodegones siniestros o en situaciones inéditas) que fotografía con la intención de demostrar que tras la muerte en el cuerpo sigue manteniéndose en alguna medida cierto nivel de conciencia, nos dice.

Para un fotógrafo romántico y místico como Witkin, el debate del bien y el mal se sitúa inevitablemente en la esfera estética de lo bello y lo feo. De tal forma, que los personajes vivos que generalmente retrata con máscaras y vendas, son siempre seres con deformaciones físicas o amputaciones, andróginos, hermafroditas (individuos con una identidad confusa podríamos decir) que se salen de lo normal y se incluyen en el apartado de seres más o menos extraños, raros o incluso grotescos que conoce en residencias, asilos, sanatorios, etc. Sus esfuerzos artísticos se concentran en dignificar y extraer otra idea de belleza, de bondad, de unos seres más cercanos socialmente al mal por una suerte de ética enraizada en una moral no transgresora. En este sentido, Fontcuberta2 contrapone su trabajo con el Diane Arbus y justifica la utilización de este tipo de personajes:

Un comentario final debe ir dirigido a sus modelos. La literatura y el cine nos tienen acostumbrados a los monstruarios fantásticos. No así la fotografía cuya evolución ha dependido tan a menudo de encontrar nuevos sujetos. También en este aspecto Witkin representa un polo de confrontación con Diane Arbus, tanto estilístico como temático. Proyectar sus fantasmas (o los fantasmas de un inconsciente colectivo) en la anormalidad no debe verse sólo como un recurso para lo espectacular sino también como una exaltación de lo singular en la naturaleza.

The Aleph, 2001. Joel Peter Witkin
Joel Peter Witkin
The Aleph, 2001
© Baudoin Lebon

Ensalza, en definitiva, el cuerpo obsceno, bien pervertido por su propia deformación o corrompido por la muerte y lo instala en una ambientación fantástica que se apoya principalmente en algunos anclajes narrativos de la mitología y de la historia de la pintura, aparte de por unos títulos que interactúan a la perfección con cada imagen y su masa de carne insoportable3.

El trabajo de sublimación del mal y de la deformación se ha materializado en una gran colección de fotografías muy poderosas que tienen como mérito, no sólo su visión esteticista del horror y el mal, sino además el haber sabido evidenciar el papel trascendental de la fotografía en el arte actual como medio contundente capaz de construir otra realidad. Y tiene su trabajo igualmente la cualidad añadida de demostrar las potencialidades expresivas del medio fotográfico, a través de unas imágenes que se valen cada una de ellas por sí misma para defender su propia artisticidad.

Es un fotógrafo que crea su propia realidad (en un contexto onírico, místico y ritual) porque su obra está exenta de rasgo documental, o lo que es lo mismo de cualquier vuelta de tuerca hacia el referente, otra conocida excusa que se ha utilizado “contra” la fotografía. Y engendra esa nueva realidad utilizando el cuerpo rechazable –por malo, por feo o por cadáver– y busca entre el imaginario sagrado y la fábula del arte un punto de equilibrio para representar su propia pugna con la realidad directa de la cual reniega continuamente:

Muchos fotógrafos –dice– retratan lo que ven, lo que está ahí delante de todos pero a mí eso no me gusta y, como soy un buscador, quiero fabricar mi propia realidad, para enfrentarme a través de la fotografía con la vida de forma directa y conseguir transformar la emoción en algo físico.

Humor and fear, 1998. Joel Peter Witkin
Joel Peter Witkin
Humor and fear, 1998
© Baudoin Lebon

Witkin, que es licenciado en Bellas Artes y poeta, se ha convertido en un artesano de la moral cristiana que se inició en el mundo artístico como tallista del cuerpo humano, actividad que abandonó a favor de la fotografía precisamente por esa oportunidad que le brinda de tener un desafío con la realidad y porque, según asegura, es el medio artístico más actual e irresistible y el que mejor se adapta en estos momentos para su trabajo.

Precisamente por su condición de “hacedor” de imágenes poderosas, la elaboración de las fotografías es un trabajo lento y concienzudo que incluye un diseño previo de gran minuciosidad que realiza antes de la toma y que se completa con posteriores “raspaduras” de los negativos (lo que le provoca más de una pérdida) y, por último, manipula las copias de papel “viradas” normalmente al sepia o al selenio y cuyos resultados exactos están hasta cierto punto fuera de control.

Su visión del mal, del horror, de la muerte, de la deformación, del arte, de lo sagrado, de la belleza y de la diferencia sexual no está exenta de cierto sarcasmo que se deja leer con claridad en muchas de sus fotografías, pero se trata de una ironía sobre la idea de la moral y que nunca vuelca sobre sus personajes deformes que quedan al margen de este juego; mientras que en la mayoría de sus imágenes el mal y lo deforme ocupan su espacio en el trono de lo sublime y las buenas formas del ritual.

Usurpa muy bien Witkin, en un giro de tuerca de su sacralización del mundo, el papel del creador que a partir de las partes amputadas del cuerpo nos propone una remodelación simbólica del hombre desde la carne putrefacta, fragmentada y desechada. En otros términos, un ejercicio de transmutación: el mal en bien y lo profano en sagrado. De alguna manera, intenta sublimar el “asco radical al cuerpo insepulto” y a la par conseguir que, tras una primera impresión de cierto rechazo, seamos capaces de mantener la mirada y de soportar sus imágenes que impactan a todo el mundo.

Gods of Earth & Heaven, 2003. Joel Peter Witkin
Joel Peter Witkin
Gods of Earth & Heaven, 2003
© Baudoin Lebon

La cuestión es que apela a la estetización del horror sublimando las formas a través de la compasión y la resignación. Y, todo esto, desde la negación de la realidad y situándose en un estadio psíquico; lo que consigue acentuar notablemente su categoría de texto espeluznante. Eugenio Trías4 lo dice con claridad: Lo siniestro constituye condición y límite de lo bello.

La carne siniestra expuesta en las fotografías ha recorrido el espacio que necesitaba hasta llegar a ser un símbolo estético de la carne en descomposición. Existe un equilibrio porque el punto de vista es inequívoco y clarificador y nos habla de su condición de bodegón fúnebre, de muerto que sólo puede tomar vida en un espacio de pesadilla en el que el temor y el asco de su visión puedan ser expresados y aún tomar vida en un sueño porque ese es el único sitio en el que podrá participar de una vida parecida a la de los vivos; la vida que tienen en las fotografías sólo puede entenderse desde su artisticidad y simbolismo.

Igual que el hombre del medievo, Witkin tiene el rostro dividido porque mira alrededor de dos puntos diferentes: de un lado, hacia el bien y la armonía del mundo (del hombre) y, del otro, a la exploración de los espacios fantásticos donde en ocasiones se instala el mal. Esta escisión provoca una inestabilidad que se percibe en sus obras, reflejos del mundo atormentado, poblado de monstruos que tienen derecho a existir5, como personajes que conocen la angustia de la indefensión y del terror a lo imprevisible.

Lo monstruoso y la fealdad son en definitiva para él caminos para encontrar lo bueno, que es lo mismo que reencontrarse con el lado divino y buscar la perdurabilidad de la belleza en lo sobrehumano, no en lo material; de tal suerte que lo feo servirá de liberación del mundo sensible así como para provocar en el hombre la nostalgia del ideal sagrado. El trabajo que lleva realizando desde hace tantos años dirige sus pasos hacía la recreación sobrehumana de una estética del mal, de lo siniestro, del lado oscuro y de lo putrefacto por el sendero de la carne y del equilibrio del goce.

Notas

1 Nace en 1939 en Brooklyn, Nueva York, hijo de padre judio ortodoxo y madre católica que se divorcian por desavenencias religiosas. Ha vivido situaciones insólitas que han ido marcando su personalidad y su obra. A los seis años fue testigo de un accidente de tráfico en el que la cabeza de una niña rodó hasta sus pies. Iba a agacharse para tocarla cuando alguien lo apartó. Años después, mientras hacia el servicio militar, documenta fotográficamente las muertes accidentales y los suicidios. Notas biográficas sobre Witkin que Alain Dupuy incluye en el catálogo de la exposición que Witkin celebró en 1988 en el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid.s

2 Fontcuberta, Joan (1989) “Editorial”, Photovision, nº 18.

3 González Requena, Jesús (1997) “La emergencia de lo siniestro”, Trama y Fondo, nº 2.

4 Trías, Eugenio (1982), Lo bello y lo siniestro, Editorial Ariel, Barcelona (2001) pág. 27.

5 Kaprler, Claude (1980), El monstruo: poderes de la impostura.


Cita

Así, el acto de ver es un acto previo a la acción.

VIRILIO, Paul, La máquina de visión, Cátedra, Madrid, 1989, pág. 79.
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