Lo que sitúa al cuerpo en el centro del debate no es la moda, sino la perentoriedad. El cuerpo está siendo repensado y reconsiderado por artistas y escritores porque está siendo reestructurado y reconstituido por científicos e ingenieros. Con estas palabras William A. Ewing comienza su libro: El cuerpo. Fotografías de la configuración humana.

Almas alemanas. Fabio Borquez
Fabio Borquez
Almas alemanas

Precisamente Fabio Borquez es uno de esos artistas preocupados por el cuerpo, como se ha podido ver en su trabajo: “Almas alemanas” que ha sorprendido a muchos críticos, no sólo por el grado de reflexión que plantean sus imágenes, sino también porque son prueba de la preocupación generalizada en el arte contemporáneo por acercarse o bordear los límites de lo imaginable.

La serie de “Almas alemanas” es un trabajo en el que ha jugado con la superposición de imágenes, de tal forma que sobre los cuerpos desnudos de sus modelos se proyectan perfiles arquitectónicos. El resultado final es siempre una imagen hasta cierto punto inquietante y que, en algunas ocasiones, también se acerca a lo amenazante, a lo terrible, al horror y al dolor.

Fabio Borquez se aproxima así a lo monstruoso por el camino más corto y también, justamente por eso, el más perverso porque sus modelos se presentan como nuevas criaturas creadas desde la potencia y precariedad del espejo. De esta forma, conjuga esos dos polos conceptuales que apunta William A. Ewing en el prefacio de su libro: lo artístico y lo científico (en este caso representado por lo objetivo). Dos polos de confrontación para unos nuevos seres imaginables sólo desde el juego de la creación artística.

Él es un artista plástico que trabaja también con la pintura y la arquitectura. Tiene varias colecciones de dibujos donde su estética se radicaliza de forma evidente. Es decir, lo que en la fotografía parece una amenaza: la amenaza de lo monstruoso, en los dibujos es más manifiesto. Sus dibujos recuerdan en ocasiones al realismo expresionista y fotográfico de Francis Bacon, ya que son imágenes que perturban e inquietan al espectador.

También existe cierta inquietud en “Almas alemanas” pero más contenida. En algún sentido es como si algo amenazara con salir, con ponerse en evidencia pero nunca termina de hacerse consistente. Pero, sin embargo, está todo ahí: rodeando al cuerpo en ese proceso de metamorfosis y de “aceptación” de lo otro: de esa imagen extraña que se “incrusta” definitivamente. El reflejo es el cuerpo y el cuerpo es el reflejo.

La doble distancia o Alicia en el país de las maravillas

Volviendo a la problemática del cuerpo y, más en concreto, a la representación del cuerpo desde la fotografía, conviene mencionar a un autor como John Pultz que ha realizado un recorrido histórico interesante para profundizar o poner en evidencia en qué medida ha ido variando la forma en que se ha fotografiado el cuerpo. Sus reflexiones sobre el tema podemos encontrarlas en el libro: La fotografía y el cuerpo.

4287 km a través de los Andes. Fabio Borquez
Fabio Borquez
4287 km a través de los Andes

Este recorrido, que comienza con los primeros retratos fotográficos y las ya famosas tarjetas de visita, va a terminar con el cuerpo postmoderno. Pero primero nos hablará del cuerpo y el control social, de la sexualidad y de algunas de las representaciones más importantes del cuerpo artístico durante este siglo.

John Pultz considera que: ahora se comprende el cuerpo como lugar de una discusión sumamente tensa. Hay nuevas teorías que insisten en que la representación del cuerpo en las artes visuales es central para la construcción que la sociedad hace no sólo de normas de conducta sexual sino también de las relaciones de poder en general.

Convendría decir que Pultz cae en el mismo error que otros tantos autores al acusar a la fotografía de ser un instrumento de poder en sí mismo, sin olvidar que son las personas las que manipulan a las imágenes. Su posición la expresa apoyándose en argumentos de Foucault:

Foucault –señala Pultz– halló instrumentos de control en toda la sociedad, y sus escritos sugieren que la fotografía es uno de los medios para establecer y mantener el poder. En lugar de utilizar libremente la fotografía como herramienta bajo nuestro control, sus escritos afirmarían que la fotografía nos controla, que las imágenes que se producen con ella se convierten en medios adicionales de control.

Al examinar este texto se ve que nuevamente se quiere dar a entender que la fotografía manipula, sin clarificar con nitidez que es un instrumento efectivamente adicional que utiliza el poder para dirigir a las masas. Es decir, ella por sí mima no manipula sino que más bien se la utiliza para dirigir que no es exactamente lo mismo; sino más bien sustancialmente distinto.

Pero, en cualquier caso, tanto John Pultz como William A. Ewing realizarán un trazado muy ilustrativo sobre las diferentes formas en que se ha ido representando el cuerpo a través de la fotografía y es por ello que serán dos puntos de referencia importantes para el estudio del cuerpo fotográfico. Así, frente a la perspectiva más cronológica de Pultz, se tendrá la oportunidad de acceder a los planteamientos más conceptuales de Ewing.

El trabajo fotográfico de Fabio Borquez en sentido general y aquí ya vamos a tener en cuenta otras colecciones suyas como “Detalles y sentimientos”, “Retratos de here, there and everywhere” y otros trabajos de carácter más documental sobre los cementerios de la II Guerra Mundial y los Andes, entre otros, se replantea algunos de los tipos de representaciones clásicas de la fotografía desde una mirada que ya ha dejado atrás el postmodernismo.

4287 km a través de losAndes. Fabio Borquez
Fabio Borquez
4287 km a través de los
Andes

Esto se ve con claridad en la forma en que nos muestra a los pobres y afligidos que quedan retratados con cierta dignidad y con cierta superioridad que les permite dominar la mirada del espectador y anular esa doble distancia: la que nos separa de la foto y la que nos separa de la realidad desde nuestro punto de vista como observadores.

Con este juego del fotógrafo pasamos a ser observados, a sernos interrogados por las víctimas de lo social. El control social ejercido desde esas primeras fotografías colonialistas y claramente racistas quedan de está forma deslegitimadas y puestas en evidencia como mecanismos no ajenos a la perversidad política. No son esos cuerpos del sufrimiento que fotografía Borquez personas para controlar sino para admirar.

El dominio viene, en este caso, desde esas miradas y desde la congelación de sus poses, un tanto irreales y, paradójicamente, también un tanto imaginadas. Todo esto nos ayuda a decir que conjuga una mirada respetuosa y crítica con una estética lo suficientemente surreal para no ser excesivamente expresionista. En todo caso, la verdad hiriente asoma también de forma evidente.

Tal vez por eso ha confesado públicamente que no le importa en absoluto que le encuadren dentro de lo que podríamos llamar fotógrafos que intentan expresar cierto dramatismo a través de su trabajo y podríamos decir que esto lo consigue poniendo en evidencia el carácter pulsional de su obra, donde lo mejor del carácter humano se junta con lo peor o, dicho con otras palabras: lo mejor en el hombre sólo es posible porque lo peor también es posible. En algún punto intermedio se vislumbra el propio goce del fotógrafo que sabe que juega pero que no es ya un juego de niños, ni un juego sin repercusiones (como él mismo reconoce en alguna de sus imágenes con texto impreso).

En ese punto fatídico, entre lo peor y lo mejor que la sociedad puede dar, Fabio Borquez se instala en un juego perpetuo donde le interesa poner en evidencia que tras la ambigüedad de la vida y de la experiencia, existe todavía cierta autenticidad y ciertas cosas por las que merece la pena salir a la calle a fotografiar y a perderse por el camino que Alicia en el país de las maravillas inició un día desde el espacio ficcional más real que se pueda intuir.

La carne y como reconocer el deseo

Por otro lado, Fabio Borquez es lo que se conoce como un fotógrafo de desnudos. El desnudo ha sido un género que se ha desarrollado desde los primeros años de la fotografía, no sin una evolución problemática debido a las restricciones impuestas por las convenciones sociales, culturales y políticas.

Almas alemanas. Fabio Borquez
Fabio Borquez
Almas alemanas

En la actualidad, las connotaciones sexuales de los cuerpos desnudos (especialmente femeninos, aunque también masculinos) siguen estando presentes en la mayoría de los fotógrafos que practican este tipo de fotografía; si bien la experimentación artística intenta explorar siempre nuevos caminos y superar o moldear viejos handicaps, para de esta manera tratar de redefinir lo erótico y lo pornográfico desde el registro fotográfico.

Este puede ser el caso de Fabio Borquez que parece intentar alejar a sus modelos de cualquier referencia explícita a lo sexual y a lo erótico. Para lo cual intenta convertirlos en trozos de piedra, en esculturas cercanas a lo espiritual. En realidad, lo que hace es exigirnos a nosotros que miramos sus fotografías que intentemos liberarnos del deseo y de la visión de la carne sexualizada hasta el infinito desde unas mujeres que se muestran como poderosas desde esas imágenes.

Si uno mira un poco para atrás, el desnudo fotográfico fue, en un primer momento, una respuesta a esa sociedad tradicional en la que todo lo que fuera ver más allá de las manos y el rostro femenino era considerado como un pecado. Incluso esas primeras fotografías de mujeres zulúes indígenas que se mostraban desnudas constituyeron todo un problema para unas mentalidades cerradas.

Detalles y sentimientos. Fabio Borquez
Fabio Borquez
Detalles y sentimientos

Poco a poco se fue introduciendo el desnudo en la fotografía pero siempre imitando estrictamente la artisticidad de la pintura o de la escultura. Es decir, atenuando todo realismo. En este sentido, el surrealismo mostró de forma más contundente la necesidad de abrir un camino derecho para el desnudo y a partir de aquí el lenguaje fotográfico pudo trabajar de forma más permisiva este tipo de representación. Desde 1920 aproximadamente hasta la actualidad el desnudo se ha convertido en un motivo central de la fotografía artística, aunque como decíamos con diferentes especificidades.

Fabio Borquez, salvo cuando realiza trabajos en una línea más documental, fotografía siempre a sus modelos desnudos. En su mayoría son mujeres hermosas y con fuertes connotaciones sexuales; con lo cual la deriva hacia el deseo es casi inevitable sino fuera porque sus cuerpos femeninos se muestran o bien en estado crítico de metamorfosis (“Almas alemanas”) o en clave de dolor (gritando emociones y sentimientos) y en compañía de un texto contundente que esquiva el deseo y dirige al espectador a un estado de interrogación y de incertidumbre.

Surrealismo o verdad… El problema de la abyección

En general, su trabajo está en la línea de lo que ya se puede empezar a llamar el nuevo surrealismo surgido de las cenizas de un postmodernismo fotográfico que ha finalizado con la entrada de la fotografía a los escenarios artísticos de la mano de las otras Bellas Artes. Lo que se ha dado en llamar la definitiva reincorporación de la fotografía al mundo del arte por la puerta grande. Pero, esto no es más que otro espejismo, sobre todo si tenemos en cuenta que el “empujón” definitivo ha venido desde un concepto mixto surgido de las instalaciones artísticas tan en moda en la actualidad y donde la fotografía cohabita sólo un poco más que discretamente con otros medios.

Detalles y sentimientos. Fabio Borquez
Fabio Borquez
Detalles y sentimientos

En este panorama artístico, el surrealismo de Borquez propone la verdad por la vía de la estética. Su propuesta es que la pesadilla está en la realidad. Con sus reflejos siniestros traspasamos la realidad amueblada (Matrix) y pasamos a lo real radical, donde el cuerpo está en peligro. En peligro de mirar, en peligro de observar, en peligro de ser vistos, en peligro de pasar del anonimato a la fama, en peligro de reflejarse, en peligro de diluirse en medio de esas dobles visualizaciones, en peligro de ser fotografiado, en peligro de ser una fotografía… Es un dulce peligro, pero peligro al fin y a la postre.

La fotografía es verdad, decía Godard. La fotografía es surreal, decía Susan Sontag. Y es así entre estas dos dimensiones ontológicas en donde vamos a situar a los cuerpos de Borquez. ¿De que otra forma sino podemos entender la manera en que sus fotografías documentales parecen instaladas en cierta irrealidad y, a la viceversa, sus retratos más fantásticos (más artísticos) retornan insistentemente a lo real?

Entre la verdad y lo surreal nos vamos a encontrar con la belleza helenística que tanto le preocupa a este artista. Pero, evidentemente, el concepto de belleza que él maneja no es el concepto de belleza clásico. Ése que taponaba la entrada a lo otro: a lo supuestamente feo, a lo supuestamente malo, a lo supuestamente obsceno…

Trabaja con un concepto estético de belleza que ya ha asimilado las reflexiones filosóficas de Burke o las del propio Kant literalmente progresista con su concepto de lo sublime. Ese recorrido estético reposado que estos pensadores nos proponían hacia lo otro. Hacia lo innombrable, lo intratable. Lo absolutamente abyecto.

Tal y como Juan Antonio Rodríguez Tous expresa en su libro: Idea estética y negatividad sensible (la fealdad en la teoría estética de Kant a Rosenkranz), la historia de la fealdad como elemento sustantivo (ya sea concepto, contraconcepto, noción, idea o Unidee) para la teoría estética comienza, propiamente en el Laocoonte de Lessing (…) Desde Platón a Baumgarten, lo feo es un no-ser-bello cuya única determinación posible es la mera inversión del contenido de su opuesto.

Julia Kristeva, por su parte, en Poderes de la perversión señala como: hay en la abyección una de esas violentas y oscuras rebeliones del ser contra aquello que lo amenaza y que le parece venir de un afuera o de un adentro exorbitante, arrojado al lado de lo posible y de lo tolerable, de lo pensable. Allí está, muy cerca, pero inasimilable (…) Esencialmente diferente de lo "siniestro", incluso más violenta, la abyección se construye sobre el no reconocimiento de sus próximos: nada le es familiar, ni siquiera una sombra de recuerdos.

Cementerios de la II Guerra Mundial. Fabio Borquez
Fabio Borquez
Cementerios de la II Guerra Mundial

Las fotografías de Borquez expulsan esa abyección del registro fotográfico y la resitua en otro espacio: en el espacio de los massmedia, de las audiencias y de la publicidad que han dejado poco sitio para el sueño y para la búsqueda incansable de otros universos. Ahí esta la abyección: en la propia historia del hombre no en la fotografía que es un espacio de reflexión y, sobre todo, un soporte. En síntesis, una víctima.

Víctima junto a víctima, las modelos de "Almas alemanas" afrontan su propio futuro incierto sometidas al ritmo de la visión. Lacan decía que la pintura obligaba en cierta medida a deponer la mirada, lo que sin embargo nunca hace el expresionismo que deja el paso abierto a la observación. De esta forma, el espacio fotográfico se constituye en un espacio simbólico donde lo abyecto se proyecta, como decíamos, al escenario exterior (a lo no fotográfico).

Cuerpos de mujer que conviven con las imágenes de esculturas, bóvedas, relojes gigantes, vidrios, esculturas y construcciones arquitectónicas diversas. Desde estos cuerpos de "Almas alemanas" que parecen estar a la espera de que algo ocurra de pronto y les pueda liberar de la incertidumbre a esos otros cuerpos que sufren (las víctimas de lo social) y a aquellos otros que simplemente muestran el propio dolor de la existencia.

Toda esta galería de imágenes de Fabio Borquez también está muy influida por movimientos conceptuales modernos en los que la definición, el concepto de la colección, va a tener siempre un significado que se va a proyectar a todas y cada una de las imágenes. Si no del lado de la apropiación, si del lado de la experimentación esteticista y contenida de lo absolutamente monstruoso se encuentra este artista, que tampoco se olvida de los momentos del horror y quizás por eso tiene una colección dedicada a los cementerios de la II Guerra Mundial. No en vano es un fotógrafo que le ha tocado trabajar después del horror y en la incertidumbre de la era contemporánea.


Cita

(…) incluso completamente rayado un simple rectángulo de treinta y cinco milímetros salva el honor de todo lo real.

GODARD, Jean-Luc, Historie(s) du cinéma, Gallimard-Gaumont, París, 1988, I, pág. 86.
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