La Fundación Telefónica ofrece una exposición muy interesante del fotógrafo español Antoni Arissa (1900-1980). Reconozco que yo no conocía a este fotógrafo y me pareció que su trabajo tenía una calidad suficiente como para ser considerado por el público. Es evidente que los comisarios de la muestra: Valentín Vallhonrat y Rafael Levenfeld, han realizado una labor admirable de recuperación e investigación, que les ha permitido rescatar gran parte de la obra que Arissa realizó entre 1922 y 1936.

niños trabajando en las labores del campo
Antoni Arissa © Herederos de Arissa

De Arissa se sabe que sus primeros contactos con la fotografía tuvieron lugar en las salidas y excursiones que hacía al campo mientras era miembro de un grupo de excursionistas de su ciudad. De esta primera etapa en su carrera fotográfica fechada en los años veinte, los especialistas destacan que se percibe una fuerte influencia de la corriente pictorialista de la época.

En lo que se refiere al pictorialismo, hay que recordar a autores como Joan Fontcuberta que se muestran un poco incómodos con el empleo de esa etiqueta. Fontcuberta aclara con estas palabras su posición: "a lo largo de toda la historia de la fotografía ha existido, latente unas veces y manifiesta las demás, una dialéctica entre dos principales concepciones estéticas, ésta ha sido la que se dio (y en cierto modo se da aún en sus vestigios) entre pictorialismo y purismo. Ambos son términos equívocos e históricamente emplazados, que tipifican tendencias y etiquetan autores".1

En su opinión, por tanto, se trata de términos equívocos, precisamente por la hibridación que se encuentra en algunos trabajos fotográficos, en los que definir el límite entre lo documental y lo artístico es muy difícil. Porque la división en la producción fotográfica de esos años se estableció en dos corrientes: por un lado, estaban los pictorialistas y, por otro, los puristas. John Le Ward explica esta clasificación: “El pictorialismo está basado en la premisa de que una fotografía puede ser juzgada con los mismos patrones con que se juzga a cualquier otro tipo de imágenes (…) La postura purista está basada en la premisa de que la fotografía tiene un cierto carácter intrínseco y que el valor de una fotografía depende directamente en la fidelidad a ese carácter. Para el pictorialista, la fotografía es el medio, y el arte es el fin; para el purista, la fotografía es a la vez fin y medio, y se muestra reticente a hablar de arte”2.

Fontcuberta añade, además que “el término “pictorialismo” se emparenta con la voz inglesa picture, que tiene una pluralidad de significados: imagen, cuadro, pintura, fotografía, película, “pictorial” se traduciría, por tanto, como “icónico”, “gráfico”, “plástico” o “creativo visual”, según los contextos”.3

La obra de Arissa en su primera etapa sorprende justamente por su valor documental, ya que muestra con claridad los trabajos del campo y el ambiente rural. Aunque, lógicamente, está muy influido por las corrientes esteticistas que buscan superar la fidelidad de la fotografía a la realidad. Pero la artisticidad se va a percibir desde lo fotográfico porque su valor documental es innegable; lo que hace que su trabajo tenga mayor mérito. En todo caso, se trata de un pictorialismo tardío4 el que refleja Arissa. Pero su exposición en la Fundación Telefónica aviva nuevamente el debate clásico entre pictorialismo y purismo en fotografía.

Algunos autores como Susan Sontag se han mantenido al margen del debate, al ofrecer una visión particular en torno a la fotografía, en la que realidad y estética parecen partes indisolubles de la fotografía. “Las fotografías son: literalmente, artefactos. Pero seducen porque en un mundo abarrotado de reliquias fotográficas también parecen tener la categoría de objets trouvés, involuntarios fragmentos del mundo. Así, trafican simultáneamente con el prestigio del arte y la magia de lo real. Son nubes de fantasía y cápsulas de información”5.

El equilibrio de los caminos creativos

En los primeros años de las vanguardias artísticas, el futurismo, el cubismo y el dadaísmo influyeron decisivamente en muchos trabajos fotográficos. En Europa, los fotógrafos utilizaron las técnicas del surrealismo6 para mostrar su compromiso con los movimientos de vanguardia que estaban en pleno desarrollo a principios del siglo XX. Desde el primer momento se puso en evidencia que el medio fotográfico se adaptaba muy bien a esta tendencia.

El objeto se convierte en materia de experimentación para Arissa
Antoni Arissa © Herederos de Arissa

Lo que es evidente, por tanto, es que la obra de Arissa está muy influida por los movimientos de vanguardia. En alguna medida, se percibe su deseo de estudiar en profundidad las posibilidades del medio, aunque siempre mantuvo un tono realista en sus composiciones, para no traicionar el sentido fotográfico; sin embargo, es evidente que coqueteó incluso con cierto conceptualismo fotográfico que le llevó a componer esporádicas imágenes de gran abstracción.

La exploración de los objetos le permite investigar no sólo en lo conceptual, sino también lo simbólico y esto le acerca tal vez a un tratamiento fotográfico surrealista. Conviene recordar en este momento a Juan-Eduardo Cirlot, quien ha realizado un trabajo de análisis profundo sobre el objeto desde la perspectiva dadaísta y surrealista (fundamentalmente). Cirlot establece, por ejemplo, que las trascendentales innovaciones que se han introducido (desde las vanguardias artísticas) en el concepto y uso del objeto en nuestro siglo se han debido, principalmente, a una interpretación psicológica y simbolista, “la cual no altera la estructura del objeto ni su materia para utilizarlo como pantalla para la proyección sentimental, pero, en cambio, lo utiliza para desvelar, por paralelismo y analogía (procedimiento mágico) contenidos latentes de la psique”7.

La conclusión es que Arissa explora lo psicológico siempre desde una forma desplazada. Es decir, los objetos son los que le sirven para acercarse al mundo de los sentimientos, de las emociones y de las ensoñaciones. Es, por tanto, su trabajo difícil de encuadrar, porque sabe utilizar las herramientas expresivas siempre con un orden que no desfiguren ni la apariencia ni la esencia de las imágenes que hizo.

Arissa experimenta con la luz la creación de significados
Antoni Arissa © Herederos de Arissa

Rosalind Krauss expone también su visión de la relación entre fotografía y corrientes de vanguardia: “Una gran variedad de métodos fotográficos fueron utilizados para producir imágenes de la invasión del espacio: cuerpos que cedían, bajo el efecto de vértigo, a la fuerza de gravedad, cuerpos trabajados por una perspectiva deformante, cuerpos decapitados por la proyección de la sombra, cuerpos comidos por la luz o por el calor. Se podría decir, siguiendo las explicaciones habituales de la imagen surrealista, que este consumirse de la materia debido a una especie de éter espacial es una representación de la inversión de la realidad por esos estados psíquicos tan buscados por los poetas y los pintores del movimiento –la ensoñación, el éxtasis y el sueño”8.

Las fotografías que componen la exposición, alrededor de unas 160, dejan ver a un fotógrafo que ha legado un trabajo documental importante, dado que además de retratar la vida rural y la de los puertos, también compuso paisajes urbanos que dejan ver los personajes, el trabajo y la vida en la ciudad. Además, se interesó por el ser humano en su fusión con el ambiente, creando escenas de gran valor evocador. Y, especialmente, se nota su interés por profundizar y aprender nuevos caminos creativos para la fotografía.

Tuvo la suerte de poseer un gran control técnico sobre el medio, lo que le permitió hacer fotografías donde ponía su maestría al servicio de un devenir trascendente de la toma fotográfica. En este sentido, destaca la imagen que capta la entrada de la luz que ilumina un espacio interior, poniendo en juego un mundo amplio de significados y metáforas. Pero no es la única joya de la exposición, hay otras fotografías de gran interés en las que Arissa parece querer expresar cierta ensoñación y otras emociones alrededor de la figura humana y su entorno; mientras que, en otras, parece buscar las formas de los objetos y las geometrías de los espacios.

Como consecuencia, se presenta como un fotógrafo bastante completo, influido por el ambiente cultural y literario de su época, también por un cierto romanticismo, pero que supo combinar todo eso con un respeto y entendimiento fotográfico con el medio, que le permitió extraer de la realidad su valor documental y estético. Su legado fotográfico es, por tanto, de gran valor y es de agradecer que haya salido de la oscuridad del olvido.

Notas

1 FONTCUBERTA, Joan, Estética fotográfica. Selección de textos, Editorial Blume, Barcelona, 1984, p.18.

2 Citado por Fontcuberta: John L. Ward, The Criticism of Photography as Art, University Press of Florida, Gainesville, 1978, ibidem, pp. 18 y 19.

3 Ibidem, p. 19.

4 La hegemonía pictorialista se mantendría cerca de dos décadas, aproximadamente hasta 1890, con el ideario de Henry Peach Robinson. Este predominio de la corriente artística duró hasta entrar en escena Peter Henry Emerson, representante del purismo. Lo que puede deducirse, en un primer momento, de esta disputa entre puristas y pictorialistas es que, mientras para unos, la propia naturaleza de la fotografía es ya artística –por su frescura y espontaneidad–, para otros fotógrafos era necesario “forzar” a la fotografía para que pudiera ser artística (para ello, se utilizaban técnicas como el “flou” y se intentaba imitar a la pintura).

5 SONTAG, Susan, Sobre la fotografía, Edhasa, Barcelona, 1992, p. 79.

6 En 1924, Breton formula el primer manifiesto donde se definía el Surrealismo de la siguiente manera: “Puro automatismo psíquico por el cual se intenta expresar bien verbalmente o por escrito la verdadera función del pensamiento. Dictado verdadero en ausencia de todo control ejercido por la razón, y fuera de toda preocupación estética o moral”. Este manifiesto se fundamenta en las teorías de Freud y el psicoanálisis, en donde se dan mucha importancia las fuerzas desconocidas del inconsciente. El automatismo se convertiría, así, en el medio idóneo para acceder al mundo simbólico del inconsciente y hacer aflorar las fuerzas ocultas del ser humano. Se tratará de buscar un punto de encuentro entre lo racional y lo irracional, donde el erotismo tendrá un papel muy importante. De las dos formas del automatismo (el gráfico –consciente– y el imaginativo –sueño y asociación libre de imágenes–), surgieron a su vez dos vertientes del surrealismo: 1. La que está basada en la improvisación, 2. Las imágenes que se alejan de la lógica de la vigilia (Dalí, Magritte..). Muchos de los presupuestos del surrealismo se han reactualizado y conviven hoy en día con otras tendencias dentro del arte contemporáneo.

7 CIRLOT, Juan-Eduardo, El mundo del objeto a la luz del surrealismo, Editorial Anthropos, Barcelona, 1986, p. 56.

8 KRAUSS, Rosalind, Lo fotográfico por una teoría de los desplazamientos, Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 2002, p. 180.


Cita

Preguntar cómo y por qué medios se representa un cuerpo produce respuestas más valiosas que las que aporta el análisis estilístico o el conocimiento del especialista.

PULTZ, John, La fotografía y el cuerpo, AKAL, Madrid, 2003, pág. 7.
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