La exposición que la Fundación Mapfre dedica a Cartier Bresson en la Sala Recoletos de Madrid es sorprendente. Ahora bien, sorprende por bien y también por mal. Me explico. Cuando estuve viendo la exposición era domingo y los dos pisos en los que se ha montado la muestra estaban abarrotados de público. Había también numerosas azafatas vigilando que los asistentes no se llevaran las fotografías. La entrada mía a la sala también fue problemática. Se me indico de malos modos que debía ponerme en una cola, que ni se percibía con claridad. Porque primero uno tiene que sacar entradas, aunque el acceso a la exposición sea gratuito. Después entregar las entradas a una azafata impertinente. En fin, recorrer y ver la exposición se convirtió en algo incómodo por este contexto tan irrespetuoso.

Autoretrato de Henri Cartier Bresson
© Propietario

Si es así como la Fundación Mapfre quiere obtener un prestigio por haberse fijado en la fotografía, no parece que la historia vaya a terminar bien. Por lo demás, la cantidad nunca ha hecho la calidad y aquí parece que se ha pretendido presentar la práctica totalidad de su obra y eso, a veces, puede ser excesivo. Y, en este caso, lo es. El resultado es que el espectador pasea abrumado por un sin fin de pasillos en medio de cierto apabullamiento visual.

La primera planta es un poco decepcionante, sobre todo porque se ha pretendido ofrecer a Cartier Bresson pintor, que parece no venir en absoluto al caso. A estas alturas, lo que realmente importa es su faceta como fotógrafo, que es donde él realmente destacó. Por eso, la presencia de algunos cuadros y dibujos por la exposición es un tanto inquietante, aunque sean pocos. La segunda planta está mucho mejor en conjunto.

En general, la exposición recoge algunas de las imágenes más destacadas del fotógrafo y otras menos conocidas, así como algunas muestras de sus trabajos en el cine, además de documentación complementaria distribuida en numerosas vitrinas y, como se ha indicado, algún que otro cuadro. Destaca en todo caso, la inclusión en la muestra de dispositivos digitales que permiten ver al espectador en varias pantallas distribuidas por la exposición sucesiones de imágenes.

Según los organizadores1, “la exposición invita a revisitar la obra de Cartier-Bresson, llamado “ojo del siglo”, por ser un testigo clave de la historia del siglo XX. Por primera vez, se pone de manifiesto toda la riqueza de su obra y la diversidad de su trayectoria como fotógrafo, desde la estética surrealista hasta el foto-reportaje o su estilo intimista de los últimos años. De esta manera, se desgrana el trabajo de este artista mucho más allá del concepto de “instante decisivo” que le hizo famoso”.

En el catálogo de la exposición se explica que la intención ha sido ofrecer a la vez un recorrido cronológico y temático, que se ha dividido en tres periodos. En primer lugar, el periodo comprendido entre 1926 y 1935, que se caracteriza por su relación con el movimiento surrealista y los numerosos viajes que realizó. En segundo lugar, desde 1936 hasta 1946, que coincide con su época de mayor compromiso político con el comunismo y, por último, desde la creación de la agencia Magnum Photos en 1947 hasta principios de la década de 1970, fase en la cual realizó gran parte de sus reportajes fotográficos.

DECONSTRUIR EL INSTANTE DECISIVO

Por tanto, ha quedado clara la intención de los organizadores: mostrar que Cartier Bresson no fue exclusivamente un fotógrafo del instante decisivo, es decir, de instantáneas, sino que su trabajo con la fotografía es mucho más amplio. Realmente todo esto suscita una reflexión importante que tiene que ver con qué es el instante decisivo en la fotografía. Hasta ahora el concepto de instantánea se relacionaba con la capacidad de la fotografía para captar el momento decisivo en el que está sucediendo algo de interés.

No cabe duda de que la instantánea puede captar no sólo la esencia de lo extraordinario sino también de lo cotidiano. Eso sí, desde una perspectiva periodística, la instantánea tiene que ver con lo noticiable. De tal forma que la fotografía debe hacerse a lo que es información. En la muestra de la Fundación Mapfre, hay varias fotografías que realizó Bresson durante la coronación de Jorge VI en 1937 y en todas ellas los protagonistas son las personas que están viendo el acontecimiento a través de un espejo. En ningún momento se ve el acto oficial.

foto de la coronación de Jorge VI
© Propietario

La paradoja está en todo caso a la vista. Los propios espectadores se sitúan de espaldas a la coronación del rey y a través de sus espejos ven parte del acto oficial. Y el fotógrafo, frente al acontecimiento, se encuentra con todas estas personas que dan la espalda a lo noticiable para poder verlo mejor. Son varias fotografías distintas, pero todas ellas muestran el detalle de que la forma de observar la coronación es peculiar: utilizar la imagen como sustitutivo de la realidad.

Realmente, sus trabajos están encuadrados en un contexto periodístico y documental. En este sentido, pocas de sus fotografías se salvan de la condición de ser testigos de una época. Su compromiso político con los más desfavorecidos no le permite dar las espaldas a la realidad y por eso su estética fotográfica está al servicio de una triple reivindicación: social, política y testimonial.

Precisamente la constatación de que toda su producción fotográfica mantiene un tono crítico frente a la sociedad que te tocó vivir es algo que sale a la luz mientras se ve la exposición. Esto me sorprendió positivamente, aunque conociera de antemano gran parte de su obra. En definitiva, se deja ver un compromiso político fuerte, que le hace estar en todos los momentos decisivos: reivindicaciones laborales, marginaciones sociales, injusticias, etc. Y no exclusivamente en los periodísticos.

Ahora bien, Bresson pasa también por ser un buen retratista y ha dejado claro su interés por las emociones y sentimientos humanos. De ahí que muchas de sus imágenes muestren una fuerte intensidad emocional, tal vez porque él haya tratado de buscar siempre el clímax de una escena. Y una vez visto, lo ha atrapado y se ha consolidado también como momento decisivo; aunque sea desde la perspectiva psicológica exclusivamente.

Rue Mouffetard París 1954
© Propietario

Hace años que tengo en mi casa una reproducción de la fotografía que Cartier Bresson realizó en rue Mouffetard, París, en 1954. En ella se ve a un niño sonriente que lleva dos botellas. EL mismo Bresson cuenta que al verlo venir le hizo una foto rápidamente y que no tuvo oportunidad de conseguir mejor encuadre. El brillo en el rostro del niño y su gran felicidad marcan una coreografía, que necesariamente clama una fotografía a gritos. Es un momento decisivo para el fotógrafo, porque siente la necesidad de robar la imagen a la realidad.

En definitiva, tampoco es mentira del todo que Bresson sea un fotógrafo del momento decisivo. Todo fotógrafo lo es de alguna manera y por encima de cualquier otra cosa. Como puede verse en la muestra, su carrera fotográfica estuvo repleta de momentos decisivos que él ha convertido en encuadres inolvidables.

Notas

1 La exposición ha sido realizada por el Centre Pompidou de París, en colaboración con la Fundación MAPFRE, con la participación de la Fondation Cartier-Bresson. Las obras proceden de más de veinte colecciones internacionales, entre las que destacan la Fondation Cartier-Bresson de París, el Musée d´art Moderne de la Ville de Paris, la Cinémathèque Française, The Art Institute of Chicago, The Metropolitan Museum of Art de Nueva York, MOMA de Nueva York y el Philadelphia Museum of Art.


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Francisco de Quevedo - El buscón

El buscón - Francisco Quevedo
  • Título: El buscón
  • Autor: Francisco de Quevedo y Villegas
  • Editorial: Grupo Editorial Marte, S. A.
  • Lugar: Madrid
  • Año: 1988
  • Páginas: 190
  • ISBN: 84-7748-033-8

Tema

El buscón cuenta en apariencia las andanzas de un pícaro. Sin embargo, a través de sus aventuras, Quevedo refleja diferentes aspectos de la sociedad española del momento; donde reina la hipocresía y nada es lo que parece. De fondo, se observan las continuas estrategias metaliterarias que el autor pone en juego para hacer un libro que se acerca a las cuestiones claves de la teoría literaria (la creación, las tendencias, los tópicos literarios, la representación teatral. etc.).

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Cita

Soló mirando por encima o hacia otro lado podemos llegar a creer que el mal es relativo, y, por ende, bajo ciertas condiciones, justificable. En realidad –la realidad que los supervivientes y los muertos atestiguan–, nunca se puede justificar.

BERGER, John, El sentido de la vista, Alianza, Madrid, 1990, pág. 274.
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