Este texto corresponde a la primera parte de la conferencia: Imagen y cuerpo de mujer: Una historia de deseo, traición, locura y crimen , expuesta en el Seminario de Ciencias y Tecnologías desde una perspectiva CTS, el 18 de Marzo de 2009 en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CCHS - CSIC), de Madrid.

Portada del Semanario Detectives
Portada del Semanario Detectives,
1935

La ilustración del semanario mexicano: Detectives muestra el asesinato de una mujer bella. Atravesado por un puñal, el cuerpo se enfrenta a la contundencia de la muerte; mientras la belleza se pone en evidencia desde los rasgos físicos y la exaltación erótica de la rigidez. Seducción y muerte se cruzan así de forma radical en la escenificación del crimen. La violencia toma forma desde la teatralidad de todos los elementos: vestido roto, sensualidad en la desnudez del cuerpo y la sangre estetizada que apenas recorre su rostro. El simbolismo de esta imagen bien puede servir como punto de arranque para afrontar un tema escabroso como es el del feminicidio en México y su tratamiento fotográfico.

Como se verá, la realidad de los crímenes contra mujeres deja una estela de horror tal, que pone en evidencia niveles inquietantes de impunidad. El papel que juega la fotografía en esta terrible historia es también muy complicado. En principio, hay que tener en cuenta que México es un país donde se publican fotografías con altas dosis de violencia en periódicos de distribución masiva. Este tipo de publicaciones sensacionalistas son conocidas con el nombre genérico de “nota roja”. Pero, en realidad, la denominación de nota roja tiene que ver con el género periodístico que trata de sucesos sangrientos y violentos. De esta forma, tenemos noticias de nota roja y/o publicaciones dedicadas especialmente a la nota roja. En concreto, en el país mexicano hay varios periódicos que publican habitualmente noticias y fotografías de nota roja. Todos ellos incluyen en portada y páginas interiores todo tipo de fotografías relacionadas con crímenes, suicidios, accidentes y sucesos truculentos de diversa índole. La publicación de las imágenes de los cadáveres ensangrentados en la escena del crimen son una constante en estos periódicos.

Portada del Diario La Prensa
Portada del Diario La Prensa
Ejemplar del mes de marzo de 2009

En lo que respecta al caso de las asesinadas en Juárez, es indiscutible que ha tenido mucha repercusión ante la opinión pública mundial, pero, todo sea dicho de paso, no ha tenido muchas fotografías periodísticas ni mucho espacio de información veraz en los medios de comunicación de México. Sin embargo, poco o nada se sabe de a situación lamentable en la que se encuentra la mujer en ese país. Mueren muchas a diario a manos de sus parejas y/o familiares. No se habla de ello ante la opinión pública, ni es normal que se ofrezcan muchas estadísticas. Pero este año, con motivo de la celebración del día de la mujer, algunos medios mexicanos han ofrecido datos escalofriantes sobre realidades veladas, aunque conocidas. Pero estas informaciones no están acompañadas de fotografías en las que se vea claramente la violencia.

Por ejemplo, en el periódico La Prensa podía leerse el 8 de Marzo de 2009:

Las disposiciones legales en Campeche, Tamaulipas y Michoacán castigan con sólo tres días de prisión a quien asesine a una mujer por infidelidad conyugal o por “razones de honor”, reveló el Instituto Nacional de las Mujeres. Y precisa que aunque estas entidades representan los casos más críticos, este castigo se encuentra en nueve Códigos Penales estatales del país, por lo que urgió a modificar las disposiciones del derecho penal que ponen en riesgo el derecho a la vida, la libertad y la seguridad de la población femenina.1

Evidentemente la legislación mexicana, vigente en muchos de sus estados, da muchas facilidades a los hombres que quieran  matar a sus mujeres. Pero no queda ahí la cosa. Ese mismo día, el periódico El Universal se refirió a otro secreto a voces: las continuas violaciones y muertes que sufren las mujeres a manos de taxistas y conductores de autobuses; esta terrible situación se da especialmente en la Ciudad de México. La noticia recoge datos escalofriantes:

La cifra de delitos cometidos en taxis se ha disparado y 90% de las víctimas son mujeres, alertó Dilcya García, subprocuradora de Atención a Víctimas del Delito de la Procuraduría capitalina, lo que explica que este tipo de transporte es el espacio público más peligroso para ellas, particularmente en el Distrito Federal. La subprocuradora tiene registros de taxistas que someten a pasajeras a golpes, las llevan a hoteles de paso, abusan sexualmente de ellas y las abandonan agonizantes. “En algunos casos la violación es tumultuaria”.2

A pesar de estos datos escalofriantes, la realidad es aún peor, ya que según esta misma funcionaria: la mayoría de las víctimas opta por guardar silencio y tratar de olvidar, pero en el remoto caso de que recurran al Ministerio Público, sólo denuncian robo, debido a la hostilidad de los funcionarios y al trato que les dan3.

Sobre la problemática de la utilización de la fotografía en estas noticias, hay que destacar que ninguno de los dos periódicos muestra imágenes que reflejen con claridad la violencia ejercida contra las mujeres. La Prensa, ha insertado una fotografía de una mujer bebiendo en un vaso de plástico, que para nada remite a una situación de agresión o similar; sino más bien a un contexto de normalidad. Hay que tener en cuenta que este diario, como ya se ha indicado, acostumbra a ilustrar sus noticias y reportajes con fotografías de la máxima violencia. Por tanto, existe una voluntad clara de ocultar la situación de peligro letal en la que se encuentran estas mujeres.

El caso de El Universal pone en evidencia también ese oscurecimiento y, a pesar de la exposición de los peligros de los taxis para las mujeres, inserta un vídeo cuya imagen fija es de dos mujeres subiéndose en uno de estos vehículos; imagen que denota y connota normalidad y no avisa, ni evidencia, el peligro real existente. El Universal no tiene un contenido tan sensacionalista como La Prensa, ya que no es una publicación de nota roja; pero eso no impide que publique de vez en cuando imágenes duras. En este caso, el diario gubernamental del Partido de Acción Nacional (PAN, partido en el poder) no pretende tanto reivindicar la situación de la mujer, sino asestar un golpe político a Marcelo Ebrad, alcalde de Ciudad de México, que es del partico de la oposición: Partido de la Revolución Democrática (PRD). Es decir, se trata más de una estrategia política que de un avance de tipo social en la situación de la mujer mexicana4.

Antes de pasar a hablar del caso de Juárez como paradigma real del desprecio con el que se trata a la mujer, ofreceré unos breves antecedentes históricos de los crímenes en México; en lo que respecta a la imagen fotográfica. De este modo, se llevará a cabo un recorrido: de las imágenes de asesinatos en sentido general a los de Juárez en particular. Entre lo mucho que se puede decir en este campo, me remitiré de forma escueta a dos casos concretos: en primer lugar, la fotografía judicial de los años 40 y al caso de las autoviudas.

Trabajos recientes como el de Jesse Lerner5 sobre las fotografías judiciales del archivo Casasola de México (de los años 1920-40) ponen al descubierto la existencia de un clima generalizado de violencia en la sociedad mexicana de la época; pero en el fondo se detecta una mayor violencia contra las mujeres y grupos marginales (homosexuales, prostitutas y drogadictos). El investigador americano ha establecido una tipología de fotografías judiciales y ha prestado interés a las condiciones y medios en los que fueron publicadas; así como ha establecido el contexto antropológico cultural e histórico en el que se realizaron. En todo caso, como ya se ha visto, los propios archivos y periódicos efectúan habitualmente una fase clara de censura. Y el material con el que trabajó Lerner es de suponer ya estaba previamente censurado. Pero en su trabajo, subyace un tema de interés para entender el sentido histórico de la violencia contra las mujeres, que tiene que ver con el suicidio.

Reconstrucción de un suicidio
Reconstrucción de un suicidio.
© SINAFO-Fototeca Nacional

Es decir, y a modo de conclusión, se puede decir que durante todo el siglo XX se ve claramente que la violencia contra las mujeres no sólo se ha mantenido e incluso aumentado sino que incluso se las induce a menudo al suicidio. Se sabe de muchas mujeres que han acabado con su vida tras ser golpeadas con dureza de forma continuada por sus parejas; también muchas de ellas deciden suicidarse tras ser violadas, ya que sus maridos y autoridades las repudian. Las reconstrucciones fotográficas de suicidios6, que incluye Lerner en la investigación, fijan en el espectador esa realidad pasada y actual. Otra cosa es la publicación de fotografías de violencia contra la mujer que ha ido disminuyendo desde los años 20 hasta la actualidad7.

El segundo antecedente histórico al que se va a prestar atención es el de las llamadas autoviudas. Se conoce por autoviudas a las mujeres que en el periodo postrevolucionario en México asesinaban a sus maridos por bigamia, malos tratos, etc. Normalmente salían absueltas de estos delitos. Un caso muy conocido es el de Mª Teresa Landa, Miss México, quien asesinó a su marido por bigamia. La historiadora de la fotografía, la mexicana Rebeca Monroy Nars ha estudiado el caso. Abordaré el tema a través de dos recortes periodísticos.

En el primero se relata el caso de esta Miss y algunas de las afirmaciones de Rebeca Monroy. La autora del artículo expone así lo que sucedió:

A fines de 1929, un año después de pasar a la historia como la primera Miss México, María Teresa Landa volvía a ser noticia pero en esta ocasión de la sección policíaca, la joven de apenas 18 años aparecía en fotografías, ataviada con un sensual vestido negro y medias garigoleadas, tratando de librar el cargo de uxoricidio o asesinato de su esposo, el general Moisés Vidal (…) La tragedia se desató una mañana durante el desayuno, cuando el general Vidal le impidió a María Teresa leer el periódico, alegando que "una mujer de su altura no necesitaba de eso". Intrigada, la reina de belleza tomó el diario en un descuido de él, y leyó una nota en que se acusaba de bigamia a su supuesto marido. Indignada, tomó el revólver del general, y a su regreso disparó el arma seis veces, balas que entraron de lleno en el cuerpo del cónyuge.8

La contextualización de este caso con relación a la imagen fotográfica queda expuesta en los siguientes términos, donde también se explica el desplome psicológico de la acusada:

En su investigación, cita Monroy Nasr, quiero exponer cómo transcurre el juicio y cuál es la presentación de ella, María Teresa Landa, porque su corporeidad de cuando gana el concurso de Miss México en 1928, a un año después cuando está en el juzgado, es muy diferente. Aunque es orgullosa y va impecablemente vestida –como recurso de seducción del que se vale su defensor, el licenciado Lozano–, algunas fotografías nos revelan momentos de quebranto, su cuerpo ya no responde a las exigencias9.

La autoviuda María Teresa Landa en el juicio
La autoviuda María Teresa Landa en el juicio,
1929

La imagen de las autoviudas, aunque ha estado un tanto latente en estos años y se ha visto como algo del pasado, de épocas menos avanzadas y represoras para la mujer; han vuelto a tener cierto auge. En otra información, por ejemplo, publicada en el 2007 en el diario digital: El Porvenir, se destaca en el titular: “Siguen casos de autoviudas a la alza”10. En el texto de la noticia se ofrecen algunos datos respecto a los crímenes entre hombres y mujeres. En el periodo de 2000 a 2007 se dice que 168 mujeres fueron asesinadas por sus maridos, frente a las 5 mujeres que en ese mismo periodo mataron a sus maridos. Es decir, a pesar de estas estadísticas, este medio destaca el alza de las autoviudas. La información es un tanto malintencionada, dado que lo destacable es el número de hombres que asesinan a sus mujeres, frente a las escasas mujeres que terminan con la vida de sus maridos.

Se decía con anterioridad, que resulta evidente la ausencia en los medios de comunicación de fotografías e imágenes de las víctimas en el caso de las asesinadas en Ciudad Juárez (Chihuahua), en las que se vea con claridad la violencia de que han sido objeto11. Esta significativa e hiriente ausencia, ha hecho que proliferaran imágenes de orden simbólico, artístico, pero también de denuncia de estos asesinatos. Es curioso que incluso los trajes negros de autoviudas fueran utilizados después para realizar protestas populares en denuncia por esos crímenes. En síntesis, las fotografías que se analizan aquí sobre esta tragedia (que se refieran a ella de forma directa o indirecta) son importantes por diversas cuestiones.

En primer lugar, porque se trata de documentos de un genocidio que esconden uno mayor: un feminicidio más generalizado en México. O, lo que es lo mismo, el estado de sitio en el que se encuentran los derechos de las mujeres en ese país. Y, por extensión, la vulneración de derechos a la población  mexicana en general, con sueldos miserables y casi sin posibilidad de acceso a compra de alimentos, vivienda, etc. El problema del feminicidio, por tanto, está bien contextualizado en una esfera de corrupción política de proporciones inconmensurables y que causa estragos también en las mujeres; en una sociedad donde el hombre se caracteriza por su condición de “macho”. Una sociedad contemporánea en México donde los gobernantes ejercen ellos mismos la violencia contra sus ciudadanos, facilitando así el aumento de la delincuencia, a través de sueldos miserables.

En segundo lugar, porque plantean el debate sobre la no publicación de documentos visuales de alto contenido violento sobre las mujeres asesinadas, en un país en el que la publicación de fotografías duras es un hecho más que evidente. Es decir, el papel de los medios y el fotoperiodismo en esta tragedia. En tercer lugar, porque la ausencia de fotografías e informaciones sobre los hechos ha hecho que proliferaran otras manifestaciones de índole fundamentalmente artística: exposiciones, imágenes simbólicas, etc; con la finalidad de dar protagonismo a un tema que estaba oscurecido. En cuarto lugar, porque es un cruce radical entre el cuerpo del deseo, el cuerpo ideológico y el cuerpo científico: el cadáver. Es interesante, por ejemplo, como el cadáver de ficción se convierte en objeto artístico en las performances que realizan en México, en honor a las asesinadas.

A continuación, se analizarán algunas de las fotografías más espectaculares, que corresponden con el momento en que los cadáveres de las asesinadas son descubiertos entre la arena del desierto. Han sido extraídas de la web: www.notaroja.espacioblog.com. Las imágenes aparecen publicadas en el site dentro de un artículo dedicado a asesinos en serie. En el texto se dice, entre otras cuestiones, lo siguiente: El desierto de Chihuahua se convirtió en un cementerio clandestino; los cuerpos de muchas mujeres aparecieron ahí, semienterrados y quemados por el sol12.

Restos de mujer asesinada en Ciudad Juárez
Restos de mujer asesinada en Ciudad Juárez.
© www.notaroja.espacioblog.com

En estas fotografías llama la atención la forma de presentación de las víctimas, que no expresan en su contundencia la radicalidad del crimen. Las calaveras parecen aportar mas una expresión fría más cercana a una mirada científica o forense sobre unos restos de fósiles, que a la contundencia visual de un hecho dramático. La fotografía de la mujer muerta, despojada de parte de sus vestimentas, tampoco llega del todo a ser lo suficientemente gore como para escandalizar. Conviene repetir que esto sorprende más precisamente por ser México un país donde la prensa sensacionalista, con grandes tiradas, publica imágenes donde el grado de explicitación de la violencia es muy alto. Por tanto, la sangre y los cuerpos destrozados se han convertido de forma evidente en una mercancía visual. La pregunta está a la vista: ¿Por qué este ocultamiento? La respuesta se ha ofrecido anteriormente: se trata de ocultar un feminicidio de mayores proporciones que se está produciendo en México. La corrupción policial y gubernamental teje una tela de sombra sobre estas víctimas. También la corrupción mediática es evidente.

Por otro lado, las fotografías de identificación, que se utilizan en los carteles de búsqueda, acaban convirtiéndose en imágenes de orden publicitario informativo sobre la identidad y los rasgos de la desaparecida. Sin embargo, también son algo más: la consolidación a través de ellas de la imagen de la víctima. De tal forma que, la fotografía de identificación, sirve para representar tanto al delincuente como a la víctima y para anticipar el relato abyecto de su posible muerte. Si se sigue a pie de la letra las características que ofrece Julia Kristeva, estos crímenes representan lo abyecto: Todo crimen, porque señala la fragilidad de la ley, es abyecto, pero el crimen premeditado, la muerte solapada, la venganza hipócrita lo son aun más porque aumentan esta exhibición de la fragilidad legal13. No hay en estas imágenes de identificación una visualidad del crimen, pero si la sospecha de que ya ha sido violada y está asesinada. Y también una fragilidad legal evidente, a la vista de la forma en que se han llevado las investigaciones de los crímenes, que comenzaron en 1993 y que se han cobrado unas 500 víctimas.

También Walter Benjamin se preocupó del tema del crimen cuando formuló en su ensayo sobre la violencia y su relación con la ley y la justicia: El significado de la distinción entre violencia legítima e ilegítima no es inmediatamente obvia 14. La crítica de Benjamin, del texto completo, pone en evidencia los mecanismos de control social, a través del aparato judicial y del sistema de creencias; reivindicando una politización de la tragedia y exigiendo responsabilidades. Estas reflexiones sobre la violencia le acercan a Nietzsche:

Allí donde, de alguna forma, la voluntad de poder decae, hay también siempre un retroceso fisiológico, una décadence. La divinidad de la décadence, castrada de sus virtudes e instintos más viriles, se convierte necesariamente, a partir de ese momento, en Dios de los fisiológicamente retrasados, de los débiles. Ellos no se llaman a sí mismos los débiles, ellos se llaman “los buenos” (…) El Dios bueno, lo mismo que el diablo: ambos, engendros de la décadence.15

Pero, de este cúmulo de imágenes que surgen a la luz de la tragedia conformando un bloque de significaciones de diversa índole, existen algunas relacionadas con las expresiones artísticas. En las fotografías de performances se pone en evidencia la crueldad de los crímenes a través de una puesta en escena radical. Por ejemplo, el trabajo de Virginia Serrano Olivos, publicado en la web: multimagen.com, consta de imágenes (la web incluye 6 fotografías) en las que se documenta una performance que escenifica la presentación de los cadáveres de las víctimas, expuestas como si se trataran de animales recién sacrificados; detrás de los cuales se ven unos mapas en los que presumiblemente fueron localizadas las víctimas. También se ve a los médicos examinando a las muertas, trasladando los cadáveres. Público e imágenes en el suelo completan la escena. En fin, en la performance se critican no sólo los asesinatos sino también la forma en que se llevan a cabo las investigaciones y los trabajos forenses. Por tanto, tenemos un importante cruce del cuerpo del delito, con el cuerpo artístico y con el cuerpo científico; representado de forma unitaria en esta escenificación a través de una víctima de ficción, no real.

Sergio González Rodríguez ha escrito un libro: Huesos en el desierto, en el que publica un trabajo de investigación sobre el tema. Es un libro interesante y, en este caso particular, es imprescindible no sólo por los datos que aporta, sino también por el modo en que se refiere a las fotografías. El libro incluye testimonios importantes de inculpados, familiares de víctimas y profesionales que han participado en las investigaciones. El autor pone en evidencia el escaso interés de las autoridades mexicanas por atrapar a los verdaderos culpables, esclarecer los crímenes y atender los nexos de unión entre ellos; al tiempo que expone como se han ido desarrollando los hechos, las investigaciones y las reacciones de las autoridades competentes en cada caso.

Entre otras cuestiones, recoge las declaraciones de David Trejo Silecio, médico forense que trabajó en los casos al principio: las fotografías testimoniales eran, casi siempre, inútiles o inservibles por estar mal enfocadas y mal iluminadas –los detalles para un patólogo criminalista resultan fundamentales– , cuando no carecían incluso de los números de averiguación previa. Resultaba imposible en algunas de ellas saber a qué cuerpo pertenecían, afirmaba, al mismo tiempo que extendía, para demostrar su dicho, copias de aquellas imágenes incluidas en los expedientes de los casos del verano y el otoño de 199516.

La conclusión es clara: la confusión en el tratamiento policial encuentra aquí un reflejo en las fotografías desenfocadas. En este caso, por tanto, el descubrimiento de la verdad para el forense se vuelve una tarea difícil. Es importante todo esto para poner en evidencia la importancia del documento fotográfico en la investigación judicial y científica de los asesinatos.El doctor Trejo Silecio desplegaba sobre su escritorio, contundente y profesoral, aquellas fotografías que mostraban cuerpos deshechos a la intemperie. Imágenes tremebundas17.

Hay otras referencias destacadas en su ensayo, que tienen que ver con las fotografías de las fallecidas en el contexto de las investigaciones. De este modo, nos informa de que se tomaban aproximadamente 25 fotografías al cadáver y de cuestiones más obvias como del predominio de las fotografías con tomas frontales para los volantes de búsqueda; así como de la forma en que la policía va mostrando a los habitantes de la zona las fotografías de las mujeres, en retratos de cuando estaban con vida, para saber si las vieron y en qué circunstancias antes de sus misteriosas desapariciones.

Resumiendo, por tanto, se trata de documentos de un genocidio que esconden uno mayor: un feminicidio más generalizado en México. Los crímenes de Juárez también han servido para poner en evidencia la forma en que se culpabiliza injustificadamente a la víctima: Al llegar nos dimos cuenta de que las propias autoridades o la gente, difunden la idea de que a las mujeres les pasa aquello porque se lo buscan18. También se ha visto como la ausencia de fotografías e informaciones sobre los hechos ha provocado la proliferación de otras manifestaciones artísticas; con la finalidad de dar protagonismo a un tema que estaba oscurecido. Por último, ha quedado claro que estas fotografías representan un cruce interesante entre el cuerpo del deseo, el cuerpo ideológico, el cuerpo científico y el judicial; entre otras configuraciones.

Notas

1 GARCÍA, Judith, “Sólo 3 días en prisión por matar a mujeres en estados”, diario La Prensa, México, 8 de Marzo, 2009. Versión digital: http://www.la-prensa.com.mx

2 GÓMEZ, Thelma y HERNÁNDEZ, Evangelina, “Taxi un peligro para las mujeres”, periódico El Universal, México, 8 de Marzo, 2009. Versión digital, http://www.eluniversal.com.mx

3 Ibídem.

4 No en vano, el problema de la seguridad en taxis y autobuses afecta  más a la Ciudad de México, que a cualquier otro punto del país. Y es por eso que el PAN quiere cargar toda la culpa sobre el PRD en el asunto del transporte del D.F.; olvidando que es precisamente el Partido de Acción Nacional el que tiene en su mano abolir la legislación que permite que un hombre permanezca sólo tres días en prisión por matar a su mujer. Por tanto, más allá de enfrentamientos políticos, ambos partidos son responsables de  la precaria situación de la mujer en México y son los que tienen en su mano que el feminicidio pueda frenarse.

5 LERNER, Jesse, The Shock of Modernity. Crime Photography in Mexico City, Editorial Turner, México, 2007.

6 La reconstrucción del crimen consistía en hacer fotografías de la escena del crimen con actores que ocupaban en el escenario el papel de la víctima y del asesino haciendo todos los gestos y movimientos que presumiblemente tuvieron lugar a juzgar por las pruebas. De esta forma, se juntaban de forma inquietante lo real y la ficción y los actores interpretaban sus papeles en medio del escenario donde las huellas de la sangre, de la violencia y del crimen eran más que evidentes.

7 Fotoperiodistas, fotógrafos judiciales y forenses son los que hacen las fotos de estos sucesos, pero muchas veces las fotografías de la escena del crimen, del cadáver, etc.; sólo circulan entre los especialistas. Esto mismo, como se verá más adelante, sucede con los asesinatos de Juárez.

8 CHÁVEZ, Viridiana, “Repasan historia de autoviudas”, en el periódico Unomásuno, 6 de marzo de 2008. Versión digital: http://www.unomasuno.com.mx/

9 Ibídem.

10 FUENTES, Rubén, “Siguen casos de autoviudas en México”, 26 de febrero, 2009. Versión digital: http://www.elporvenir.com.mx/

11 Como ha quedado claro en esta conferencia: el ocultamiento de la violencia contra las mujeres se hace ostensible a todo el país y a más casos: crímenes domésticos, comunes, violaciones, etc. El caso de Juárez sólo es una muestra, un ejemplo, de lo poco que le importan a las autoridades mexicanas que se mate a mujeres.

12 MORÁN, Enrique, “El egipcio Sharif, ¿chacal o chivo…expiatorio?”, 9 de Julio de 2006, www.notaroja.espacioblog.com

13 KRISTEVA, Julia, Poderes de la perversión, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 1988, p. 11.

14 BENJAMIN, Walter, Critique of Violence, Harward, 1999, p. 279.

15 NIETZSCHE, Friedrich, El anticristo, Alianza Editorial, Madrid, 1980, pp.41-2.

16 GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, Sergio, Huesos en el desierto, Editorial Anagrama, Barcelona, 2002, p. 61.

17 Ibídem, p. 62.

18 Ibídem, p. 151. Declaraciones de Guillermina González Flores, hermana de una de las asesinadas en Juárez.


Cita

Preguntar cómo y por qué medios se representa un cuerpo produce respuestas más valiosas que las que aporta el análisis estilístico o el conocimiento del especialista.

PULTZ, John, La fotografía y el cuerpo, AKAL, Madrid, 2003, pág. 7.
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