Fotografías de cadáveres, catástrofes y sufrimiento componen la galería más completa del lado oscuro de México. Enrique Metinides, Henri Cartier-Bresson y Sebastião Salgado nos ofrecen su particular visión de la realidad más escalofriante del país.
Enrique Metinides puede considerarse como el fotógrafo de sucesos más significativo de la historia de la fotografía. Durante cincuenta años trabajó para el diario La Prensa (desde 1940 hasta 1990), encargándose de ilustrar las noticias más siniestras de la ciudad de México: asesinatos, intentos de suicidio, desastres, incendios y todo tipo de accidentes.


En estos últimos años se ha puesto de moda su trabajo. Desde la exposición que la Photographers' Gallery de Londres le dedicó en el año 2003 sus fotografías se han dado a conocer en todo el mundo y el reconocimiento a su trabajo ha sido inmediato. También el certamen internacional de PhotoEspaña organizó el año pasado una exposición retrospectiva que llamó la atención de la crítica y del público. Y durante el presente año se le han dedicado numerosos artículos donde se destaca su tarea profesional y artística.


Metinides ha plasmado con gran nivel estético y humano las tragedias y los sucesos más truculentos de la ciudad de México. Su larga trayectoria profesional ha permitido que a través de sus fotografías pueda percibirse cierta evolución estilística del autor, así como la progresión del lado más siniestro de la ciudad de México, tristemente tan en moda actualmente con los problemas de delincuencia que sufre el país y que muchas veces enmascara una cuestión más profunda: el de las desigualdades sociales.
En general, las imágenes de Enrique Metinides nos hablan de historias particulares, de dramas personales, con los cuales el espectador puede identificarse rápidamente, ya que todos podemos pasar de ser observadores a ser víctimas y esta idea está muy bien reflejada en la obra de este artista. En ocasiones, los accidentados tienen rostro y nombre y, otras veces, se esconden tras el humo de los edificios y los restos de un avión o un tren accidentado.


El componente morboso de este tipo de fotografías es un elemento inevitable y, precisamente por eso, resulta muy difícil eliminarlo del todo, especialmente si nos encontramos ante imágenes de cadáveres y grandes dramas humanos; pero sí puede estetizarse. Aquí hemos querido recoger algunas de las fotografías en las que Metinides consigue un gran nivel de artisticidad sobre el suceso mismo. La imagen de Adela Legarreta Rivas, que casualmente acababa de salir de un salón de belleza cuando fue atropellada, pone en evidencia la fuerza dramática del acontecimiento, pero también la enigmática hermosura post mortem del rostro de esta escritora.


Henri Cartier-Bresson también se preocupó por el lado oscuro de México y en la colección de fotografías ya míticas que realizó en sus ciudades y pueblos tiene, además, algunas en las que retrata rostros y espacios que ponen en evidencia un drama social y personal que no procede ya de lo imprevisible (del suceso fortuito o accidental como en el caso de Metinides), sino de una realidad dramática entroncada en el país.

Lo que más llama la atención de estas imágenes es que, a pesar de que la mayoría de ellas fueron realizadas hace setenta años, parecen hechas hoy mismo porque las realidades doloras que fotografió Cartier Bresson en México continúan igual y forman una especie de “cáncer” visual de la existencia del pobre que, no parece curarse con el paso del tiempo y más bien empeora por momentos en una auténtica “metástasis” del horror.


Niños desvalidos, sumergidos en la pobreza y con de condiciones de vida miserables son algunas de las realidades siniestras que fotografió Cartier-Bresson, aunque de forma muy neutral sin tratar de remarcar las desgracias para que se muestren solas. Realidades presentes actualmente en México y en otros países del mundo. También mujeres sin medios para atender a sus hijos y familias enteras sumidas en una miseria inhumana.
Enfocados normalmente de frente todos estos personajes interpelan directamente al observador desde una composición fotográfica que demanda no sólo nuestra atención sino una acción directa; aunque muchas veces parecen ajenos a su propio drama y posan para ser inmortalizados en su desamparo.


Esos instantes de dolor están dentro de una visión muy humanitaria de Cartier-Bresson, quién retornó en otras ocasiones a México para volver a fotografiar unos rincones que ya le eran familiares. En ocasiones, para desdramatizar las realidades crueles, le gustaba fotografiar momentos en los que la risa sirve para desdibujar las desgracias.
Cartier-Bresson es conocido por su capacidad de atrapar las instantáneas y, en el caso de estas fotografías de México, el momento decisivo se junta inevitablemente con la situación permanente en la que se encuentran algunos de los personajes a los que él y todos los observadores dirigimos inevitablemente nuestra atención.

Sebastião Salgado, por su parte, ha realizado un amplio y profundo trabajo de la realidad siniestra de México, que ha quedado incluido, junto con fotografías de otros países, en Éxodos. La humanidad en transición (1993-99) y en El mundo mayoritario. Tres fotoensayos (1977-92). Estas dos colecciones fotográficas son consideradas como auténticas joyas del documentalismo contemporáneo porque en ellas repasa todos los conflictos económicos, políticos y sociales que afectan a la comunidad mundial, haciendo especial hincapié en los efectos que producen en la población más pobre y marginal que es la que más sufre la crudeza en las condiciones de vida.

En el caso de México, en Éxodos. La humanidad en transición, ha incluido tres trabajos distintos: uno relativo a los refugiados y emigrantes, el otro a la lucha por la tierra (los zapatistas) y el tercero a la ciudad de México como una de las megaciudades más importante del mundo.


Desde el peligro para los emigrantes clandestinos de estallar sobre un tren de combustible hasta el drama sempiterno –pero no por ello menos justo– de la lucha por la tierra de los zapatistas, pasando por la brutalidad de la ciudad de México donde no tener medios económicos para sobrevivir se convierte en vivir en un infierno; todos estos temas se señalan de forma directa y sin tapujos.
Escenas dramáticas que no por conocidas resultan menos inquietantes y que dan muestran de que el progreso y el estado de bienestar no sólo no llega a todos, sino que los más pobres cada día lo son un poco más. Sometidos a la presión del sistema, se convierten así en cuerpos en peligro que se “buscan la vida” rozando siempre los límites de la legalidad y poniendo inevitablemente en peligro sus seguridad y la de los demás para poder vivir.


Las fotografías que Sebastião Salgado dedica a los zapatistas, por ejemplo, son conmovedoras ya que, en medio de la pobreza, el llanto de las mujeres por los campesinos muertos se hace oír de una forma absolutamente estremecedora. Aunque situado a una distancia justa, el fotógrafo exhibe las escenas de duelo que nos recuerda un drama enquistado en el tiempo.
En la colección El mundo mayoritario. Tres fotoensayos, México se presenta como una más de las “Otras Américas”, según titula el propio fotógrafo. Y, como forma de alivio, Salgado busca desde esas imágenes los espacios rituales y sagrados de la cultura ancestral de México, todo un símbolo cultural que ayuda a los hombres mexicanos en su lucha diaria por sobrevivir.

